La Mayora, transformando la agricultura andaluza a través de la ciencia
Investigación

La Mayora, transformando la agricultura andaluza a través de la ciencia

El IHSM La Mayora, en Málaga, ha sido el gran impulsor de cambios tan decisivos como la implantación de la fresa en Huelva, o del aguacate en la Axarquía

26/01/2021 Actualizado a las 16:02

La Mayora nació como estación experimental a principios de los 60. Una finca ubicada en Algarrobo, en Málaga, que el alemán Dieter Wienberg buscó por encargo del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas), es ahora uno de los grandes referentes de la investigación agraria en Andalucía.

De hecho, la sede experimental del CSIC, con el objetivo de ganar en capacidad de investigación, se fusionó con la Universidad de Málaga en 2010, creando el Instituto de Hortofruticultura Subtropical y Mediterránea. Cambios logísticos que, sin embargo, no han mermado la auténtica vocación de la institución, sino que la han ampliado: hacer avanzar al sector agrario de la mano de la ciencia.

A pesar de que su sede principal está en el campus universitario de Teatinos, el corazón del IHSM La Mayora sigue siendo la finca en Algarrobo, en plena Axarquía. Desde allí ha liderado, durante décadas, los estudios de la producción subtropical y mediterránea en España, y Europa, así como la introducción de nuevas variedades de frutas exóticas.

Parcela de la Estación Experimental La Mayora, en los años 60 / UMA

«Uno de los grandes valores de La Mayora ha sido la contribución al desarrollo económico y social de Andalucía», reconoce su director, Enrique Moriones. Y es que la institución ha sido la gran impulsora de la agricultura tropical, convertida ahora en base de la economía agraria de Málaga y Granada. «El traslado del conocimiento de La Mayora al campo ha supuesto un cambio total en el sector agrícola malagueño, que ha pasado de cultivos tradicionales como el almendro o la viña a variedades subtropicales con un alto valor añadido para el consumo y la exportación como el mango, la chirimoya y el aguacate», detalla.

De hecho, se sigue trabajando en ello sin descanso, buscando productos más sostenibles, más preparados para el futuro y cuyo ciclo de producción sea más largo. «La producción local de mango, por ejemplo, se concentra en un periodo muy corto del año. Gracias a los estudios que se llevan a cabo en La Mayora y a la colección de variedades, cada vez más extensa, hay posibilidades de que esa producción se alargue de agosto a septiembre», detalla Moriones.

Mango Palmer / IHSM La Mayora

La gran transformadora de la agricultura andaluza

En los 60 años que La Mayora lleva funcionando, tiene en su haber tres grandes logros que han traído no solo la modernización de la agricultura malagueña, y andaluza, sino también cambios sociales que han propiciado riqueza, empleo y prosperidad en la zona. 

El primero de ellos fue el estudio de la fresa, un cultivo hasta entonces casi «desconocido» en el sur de España. «La estación experimental fue una de las grandes impulsoras, junto con el Ifapa (Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera de Andalucía), de la gran transformación que sufrieron los campos onubenses. «Se seleccionaron distintas variedades de fresa y se pusieron en marcha en zonas cálidas, cosa que no se había hecho hasta el momento. Posteriormente, esta tecnología se trasladó a cultivadores de Huelva», rememora Moriones.

La llegada de los subtropicales, con aguacate y mango a la cabeza, a una Axarquía malagueña que los recibió como agua de mayo, y el desarrollo de los cultivos intensivos bajo plástico en Almería, en los años 70, han sido otros de los grandes hitos de la agricultura andaluza donde La Mayora ha estado implicada.

Flor del aguacate / IHSM La Mayora

Proyectos en marcha

Actualmente, La Mayora, con más capacidad investigadora que nunca (son 160 trabajadores, 44 de ellos científicos) y una colaboración constante a nivel nacional e internacional, sigue inmersa en numerosas iniciativas que solo persiguen una cosa: estudiar la agricultura, crear cultivos más eficientes, sostenibles y, por ende, mejorar el trabajo de los agricultures.

Entre los proyectos que están llevando a cabo, su director, Enrique Moriones, destaca el Proyecto Harnesstom que, con fondos europeos, investiga los recursos genéticos del tomate para lograr que esté más adaptado al cambio climático, más productivo y,que se trate de un tomate más nutritivo, sano y con más sabor.

También en este ámbito, La Mayora está llevando a cabo, con la colaboración de empresas y gracias a su colección de variedades, cultivos de tomate que producen sus insecticidas naturales. «De esta forma, se minimiza la aplicación de insecticidas para el control de plagas y enfermedades, propiciando estrategias de manejo de cultivos más sostenibles».

Tomates / IHSM La Mayora

Berries con mejor poscosecha

Por otro lado, investigadores del instituto malagueño participan en un proyecto europeo a gran escala que tiene como objetivo obtener fresas, frambuesas y arándanos para una producción sostenible en Europa, con frutos más nutritivos y mejor poscosecha. Además, están centrados en un objetivo que puede cambiar el trillado dicho de «las fresas no saben a nada»: basándose en estudios genómicos de la fresa, buscan un cultivo que, además de ser más sostenible, tenga más sabor.

El control biológico de las plagas, la bioeconomía circular, para lograr que los desechos agrícolas se reutilicen y sean útiles, el estudio genético de los frutos subtropicales y la colaboración para el desarrollo (se ocupan de que la prosperidad de una zona deprimida de Bolivia crezca gracias a los cultivos de fruta de hueso), son otros de los trabajos en los que está inmerso el IHSM La Mayora.

La temida mosca blanca

Además, hay que destacar un proyecto que ha terminado recientemente, pero que está teniendo gran transcendencia internacional: la Fundación Bill & Melinda Gates colaboró en la financiación de un proyecto en el que La Mayora ha participado buscando soluciones a los estragos que ha causado un temido insecto en el campo, la mosca blanca, en África Subsahariana, donde se ha cebado especialmente con la yuca, un alimento básico para millones de personas en el continente africano. Ciencia «silenciosa», como la define Enrique Moriones, para transformar (y mejorar) la agricultura a pasos agigantados.

 

 

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