Un triste año agrario
«Ni el clima político ni el meteorológico han potenciado buenos rendimientos productivos ni económicos, más bien lo contrario»
El año 2022 toca a su fin, y poco bueno se puede decir desde una perspectiva agraria. Ni el clima político ni el meteorológico han potenciado buenos rendimientos productivos ni económicos, más bien lo contrario.
Por un lado, la crisis ruso-ucraniana ha catalizado una escalada sin precedentes de los costes de producción, con una media superior al 30%, y en algunos inputs esenciales, como los fertilizantes, se ha triplicado su valor. Por otro, la sequía, las altas temperaturas y las heladas han limitado las producciones en buena parte de los subsectores agrícolas y ganaderos.
Por ejemplo, el cereal ha visto reducida su producción entre un 30-40%, el ajo ve seriamente amenazado su cultivo en muchas zonas, la producción de aceite de oliva también ha descendido entre el 30-50% al igual que la aceituna de mesa.
Otros sectores
También la fruta de hueso ha sufrido caídas muy sustanciales, y de igual manera los frutos secos, en particular la almendra, pero también los cítricos y la uva de mesa. Son solo algunos ejemplos de los muchos que se pueden mencionar entre las producciones agrícolas.
En el sector ganadero, la escasez de pastos en muchas zonas, unido al fuerte encarecimiento de los piensos y al incremento desmesurado de los costes energéticos han situado a muchas explotaciones en el límite de su rentabilidad. En consecuencia, la renta agraria española se ha situado en 27.861 millones de euros en 2022, lo que supone una caída del 5,5 % con respecto a la de 2021.
La verdad es que podría haber sido un pérdida de renta mucho mayor, si no es por el enorme esfuerzo y por el aguante de los profesionales del campo, por las iniciativas públicas de apoyo, que de acuerdo con datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación han rondado los mil millones de euros, y por la subida del valor de la producción, que ha compensado parte de la reducción del volumen.