El cierre del canal Horeca lastra a la industria alimentaria
«Con una destrucción de empleo desproporcionada, se reducirá el consumo, además de aumentar el déficit público»
La economía mundial no se ha deteriorado a lo largo del tiempo ni ha sufrido ninguna burbuja estructural. Ha pegado un frenazo brusco durante uno o dos meses, un periodo suficientemente corto como para que, con carácter general, pudiera ser soportado, aunque no sin dificultades y con sacrifico, por la mayor parte de las empresas y las economías familiares.
El problema puede venir de que es el Estado quien parece va a asumir buena parte del impacto económico en las empresas, algo que va a disparar el déficit público y la deuda, generando un gran problema financiero, acuciado por un previsible y desproporcionado aumento de desempleo.
La industria alimentaria, contra lo que pueda parecer, tampoco se va de rositas. La caída del turismo y el cierre de bares, restaurantes, etc. ha hecho que se hunda la venta en el canal Horeca, que representa por encima del 30% de su facturación. Por otro lado, el modelo productivo se ha encarecido, al ser necesario aplicar estrictas normas de seguridad y al haber tenido que modificar las cadenas de producción como consecuencia de un cambio brusco del modelo de demanda.
En este contexto el sector ya ha avanzado que deberán empezar a tomar medidas relativas al empleo. Y volvemos al principio, ¿dos meses de menor actividad van a hacer que estas empresas tengan pérdidas irreparables?, ¿no disponen de suficiente músculo financiero para asumir la caída temporal de ventas?
Las respuestas son importantes, porque con una destrucción de empleo desproporcionada, se reducirá el consumo, además de aumentar el déficit público. Lo malo, es que no se trata solo de una disquisición de este sector, sino a nivel global, apoyados por un Estado que quiere mostrar fortaleza en un momento de crisis sanitaria, llevándonos hacia una crisis económica que quizás, no debiera ser tan intensa como a la que nos abocan.