El liberalismo en tela de juicio y sus primeras consecuencias para la agricultura
Evolución de los sistemas económicos

El liberalismo en tela de juicio y sus primeras consecuencias para la agricultura

«La agricultura, que suministra a un precio más que asequibles alimentos con la máxima seguridad alimentaria, se ve estos días pisoteada por nuestros políticos»

13/11/2019 a las 09:00

Inmersos en una situación socio-política y económica insostenible a nivel nacional, casi nos está pasando inadvertida la insospechada evolución de los acontecimientos en América Latina, la cual se me antoja de una extrema relevancia.

Las propias inquietudes y necesidades de las sociedades, históricamente han sido las que han venido provocando los cambios filosóficos necesarios para producir la evolución de los sistemas económicos.

Más allá de su acepción como la Ciencia que estudia los recursos, la creación de riqueza y la producción, distribución y consumo de bienes y servicios para satisfacer las necesidades humanas, la Economía es ante todo una Ciencia Social, cuyo último objetivo es incidir en las condiciones de vida de los individuos y, por tanto, de las sociedades, mejorándolas.

Podemos aglutinar estos momentos históricos en cuatro fases. De los primeros sistemas sociales cuya principal actividad económica era la agricultura, pesca y pastoreo, se pasó al sistema feudal con un concepto de Imperio protector de fronteras bien marcadas. El sistema mercantilista terminó con este con la difusión de los medios de pago, moneda, letras de cambio, etc., apareciendo la burguesía. De ahí pasamos a los grandes sistemas que han llegado prácticamente a nuestros días.

La segunda guerra mundial terminó definitivamente con el fascismo. La caída del muro, celebrada estos días, fue el punto de partida para demostrar la ineficacia del comunismo, y vemos hoy con asombro que el liberalismo está en franca tela de juicio.

El nuevo sistema

No sé cómo se llamará el sistema nuevo que emergerá de estos cambios trascendentes en nuestra forma de entender la economía y de vivir (hay muchas corrientes, Sistema del Bien común, Nuevo Socialismo, variantes del Neoliberalismo… ), pero lo que está claro es que cada vez más se están demandando sistemas más individualistas, basados en la cooperación y el reciclaje y que no estén de espaldas a la tecnología como principal fuente de cambio (la tecnología de cadena de bloques por ejemplo).

El problema es que estos cambios que se están intentando producir no hacen percibir a sus propios promotores los derechos que pretenden. Estos movimientos que observamos a nivel global y en especial en estos días en América del Sur, los podemos trasladar a Europa.

Un mercado con 500 millones de consumidores, donde un sector estratégico y pilar indiscutible de su economía, la Agricultura, que suministra a un precio más que asequibles alimentos con la máxima seguridad alimentaria, se ve estos días pisoteada por nuestros políticos.

La división que el señor Trump ha conseguido sembrar en la unidad europea y su lento y rígido aparato burocrático a través de la imposición de los aranceles tan comentados estos días, no tiene justificación y deja perplejos a los agricultores españoles, que ven impotentes cómo cada país de forma individual ha intentado salvar sus muebles, excepto España.

Ante un entorno incierto política y económicamente, con una creciente competencia mundial desleal (citemos simplemente a la economía China y su modelo), volatilidad en los precios del combustible y abonos, etc., el mantenimiento del sector y de la economía rural cada día es más quimérico y cobra más sentido que nunca la necesidad de una PAC que compense esa renta necesaria para el agricultor productor por algo que nadie está dispuesto a pagar en el supermercado.

Escrito por

Manuel Altava

Vicepresidente 2º de Asaja Sevilla

Ámbitos