Blanco y en botella por ahora medio llena
«Si la demanda asiática sigue tirando con fuerza, aunque los precios de compra no sean tan buenos como los del 2019, habremos pasado con nota un año más»
Esta vez hablaremos del sector de capa blanca, ya que en los últimos artículos el protagonista ha sido el ibérico. Y, ¿cómo va el sector porcino de capa blanca? Pues todavía sin asimilar del todo el nuevo marco normativo (Real Decreto 306/2020) sobre el cual el sector porcino intensivo operará durante la próxima década. Los nuevos requisitos de este Real Decreto entran en vigor de forma escalonada y a lo largo de tres años. Así parece que duele menos.
Es verdad que el sector ha trabajado duro en los últimos años reduciendo el consumo de agua en un 30%, la generación de purines en un 50% y las emisiones GEI en un 22%, según Interporc. Pero no nos engañemos, la aplicación del Real Decreto trae nuevas exigencias, muchas de ellas medioambientales, a las que tendremos que dedicar recursos y tiempo.
Pero si dejamos a un lado la normativa y miramos al mercado, ¿qué vemos? O mejor dicho, ¿qué hemos visto hasta ahora? En principio este año iba a ser «El Año», pero como todo depende del ángulo desde donde se mire, puede que no lo sea tanto… O puede que finalmente sí.
Desde finales del año pasado se pensaba que 2020 iba a ser espectacular, de aquellos que se recordaría durante mucho tiempo. Pero el Covid-19, entre otros y sobre todo, lo ha impedido. Así que mirando la botella desde arriba este año será bueno, pero no como se preveía. Es decir, la botella medio vacía.
Si analizamos el año tal y como creemos que va a terminar, todo parece indicar que será un año relevante. No como se creía hace seis meses, pero será muy bueno. Por lo tanto, si miramos la botella desde otro ángulo veremos que está llena o al menos medio llena.
La realidad de los números
Pero veamos la situación actual en números. Según la cotización del mercado de Lérida, la media del año en 2019 fue de 1,35 €/kg vivo. La media de los últimos 12 meses (interanual) es de 1,44 €/kilo vivo. Y la media desde que comenzó el año 2020 hasta esta semana es de 1,41 €/kilo vivo cuando la media de 2019 hasta la misma fecha era de 1,24 €/kilo vivo.
¿Qué significa todo esto? Pues que la segunda mitad del año 2019 fue excepcionalmente buena, terminando el período anual en niveles nunca alcanzados para esa época del año. Por lo tanto, a nada que en 2020 no nos sorprenda con algo que enturbie el líquido de la botella, tendremos un año para recordar gratamente.
Así, el comportamiento que tenga el precio durante el otoño próximo cobra mayor importancia que nunca. Si la demanda asiática sigue tirando con fuerza, aunque los precios de compra no sean tan buenos como los del año pasado habremos pasado con nota un año más.
No bajar la guardia
Pero (siempre hay un «pero») no debemos perder de vista algunas circunstancias de las que no nos podemos distraer. Una es la incertidumbre que genera la aparición de casos Covid-19 así como sus rebrotes. Los efectos que tiene sobre la capacidad de matanza a nivel internacional y sobre los flujos comerciales pueden ser importantes y dar al traste con cualquier estimación que realicemos hoy.
Hay otra circunstancia que sigue ahí, algo callada ahora no porque no existan casos sino porque el coronavirus acapara el protagonismo de cualquier artículo o noticia que se publique. Me refiero a la Peste Porcina Africana (PPA).
Semanalmente la interprofesional del cerdo de capa blanca, Interporc, nos recuerda que no debemos bajar la guardia ante ello, porque la PPA no solo está en la lejana Asia. Cada siete días, aquí en Europa, hay un centenar de nuevos focos y dos países, Rumanía y Polonia, se llevan la palma. Según Rabobank, la PPA permanece como la mayor amenaza del mercado mundial del porcino.
Recordemos una realidad importante, Polonia es vecina de Alemania. Y un caso en el país germano quebraría el equilibrio europeo de la carne y se hundirían los precios durante mucho tiempo. Por lo tanto, nuestra labor debe ser la de concentrar nuestros esfuerzos y nuestras inversiones en medidas que limiten nuestras emisiones (normativa), pero sobre todo no debemos desatender la Bioseguridad.
En un país que, entre otras cuestiones, importa varios cientos de miles de lechones al año, debemos hacer funcionar nuestras granjas con las más altas y mejores medidas de bioseguridad para impedir que cualquier enfermedad entre en ellas. Esto último tiene un doble impacto: dificultar que una enfermedad entre en las granjas y, si llegase a entrar, limitar su expansión, así como facilitar su control y erradicación.
Sé que hacer esta clase de afirmaciones siempre es arriesgado, pero el sector porcino de capa blanca va bien. Es verdad que, aunque por ahora la botella se vea clara, siempre hay pululando una serie de «grumitos» que podrían enturbiarla del todo, por un simple descuido o exceso de confianza. Trabajemos, pues, por una botella llena y ¡siempre limpia!