El regadío, mejorable pero no reducible
Gestión hídrica

El regadío, mejorable pero no reducible

«Reducir hectáreas es una propuesta innecesaria, sabiendo que existen tecnologías para poder ajustar y hacer mucho más eficiente la gestión del agua»

19/06/2023 a las 08:59

Según datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, España cuenta con el 19% de la superficie de cultivo en regadío, aproximadamente 3,8 millones de hectáreas. De ellas 55% riego localizado, el más eficiente. En Andalucía se localizan 1,1 millones de hectáreas en regadío, un 31,5% de la superficie total cultivada.

Greenpeace acaba de proponer reducir en 516.000 hectáreas la superficie de regadío en nuestro país, lo que representa casi el 14% del total. Un planteamiento disparatado si en la ecuación se considera el impacto que supondría en las economías locales, regionales y en la nacional, dado el alto valor económico de esta producción; pero también el efecto que ello tendría en el consumo, en la cesta de la compra y en la inflación, además del desequilibrio estructural a medio y largo plazo.

Tecnologías

Pero, sobre todo, es una propuesta innecesaria, sabiendo que existen tecnologías para poder ajustar y hacer mucho más eficiente la gestión del agua. Solo hay que mirar atrás y ver como en la última década el consumo de agua por hectárea se ha reducido en un 25%, y todavía queda mucho espacio de mejora.

Riego por goteo / C.R. Valle Inferior del Guadalquivir

Cuatro formas para optimizar la gestión

Optimizar la gestión del agua de riego es una prioridad y hay muchas formas de hacerlo, pero hay cuatro que son esenciales. Por un lado los grandes acuerdos políticos, que pongan a la gestión de este recurso como una de la prioridades. En segundo lugar, la aplicación de un plan hidrológico nacional que acometa las obras pendientes y optimice las infraestructuras de que disponemos.

En tercer lugar, favorecer una reconversión de los cultivos en donde la escasa disponibilidad hídrica, una vez modernizadas las infraestructuras, así lo requieran. Y, en cuarto lugar, quitar el pie del freno y potenciar el desarrollo tecnológico desde la iniciativa privada, para poner en el mercado variedades con menores necesidades hídricas y otros avances que reduzcan de forma directa el consumo de agua en agricultura. Todo ello antes de la última solución, fácil, ineficiente y lesiva; me refiero, a reducir el regadío.

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