Nueva burbuja
«El interés desmedido de los fondos de inversión sólo busca afanosamente números, volumen, haciendo que el precio de la tierra no sea reflejo de la rentabilidad que genera»
Otra campaña más, y sigo sin cogerle el pulso al sector, y menos aún a la humanidad. Esto último lo ando buscando desde la adolescencia, primero en los libros que caían en mis manos, luego en los que busqué, mientras ahora pensamientos insondables rumian en mi cabeza sin poder darles alcance nunca.
Pero vamos a lo nuestro, termina la campaña de cítricos con un resultado ambiguo. La baja producción, unida a la falta de calidad general (principalmente por calibres pequeños) se traducía en mejores precios que el año pasado. Pero llega la hora de sacar punta al lápiz e irnos al análisis de los fundamentales del negocio, y nos sorprende comprobar lo que veníamos barruntando, que es un año que en el mejor de los casos empataremos.
Es algo simple, resumiendo: si tienes la tercera parte de producción que el año anterior, debes tener el triple de precio, eso contando con que los costes al menos se mantengan. Pues parece que sólo se ha cumplido el primero de los tres factores.
Y es en este punto, en el que la lógica de los mercados debería imponerse, donde me pierdo. A unos años realmente complicados, ya analizados hasta la saciedad, unimos la lacerante sequía que provoca que vivamos el presente de la agricultura de modo provisional en los umbrales mismos de un futuro inminente e incierto.
Dando la espalda a la lógica de mercado
Pues es justo ahí, dando la espalda a cualquier lógica de mercado y de análisis fundamental de rentabilidad, donde el interés desmedido de los fondos de inversión por tomar posiciones en el sector primario, trasladan al público ajeno al sector y a los profesionales del mismo, la imagen de una nueva burbuja, pinchadas ya la de materias primas, las financieras, las tecnológicas, la inmobiliaria, la de las criptomonedas… Será que ya quedan pocas por inventar e hinchar.
Nos estamos convirtiendo todos los agricultores en carne para esta burbuja, que sólo busca afanosamente números, volumen para generar rentabilidad con crecimiento desmedido, sin importar los fundamentales del negocio, haciendo que el precio de la tierra no sea reflejo de la rentabilidad que genera. Lo hemos visto ya en todas las burbujas que he comentado y sabemos cómo terminaron las mismas.

Estos días ha llovido, de forma insuficiente para las necesidades, lo suficiente para dejarnos algo de barro para modelar el futuro, pero pronto vuelve el polvo que enturbia la visión del mismo, No sé quién alimenta estas burbujas quizá la cultura del pelotazo, pero siempre existe carnaza que las compra, aparecen nuevos agricultores normalmente provenientes del sector de moda, que jamás se han ensuciado sus brillantes zapatos con ese barro y pretenden tratar al sector como la industria que no es, como un «commodity financiero».
No pretendo criticar este interés que se convierte en un halago, además de en una herramienta para la transición generacional en un negocio altamente patrimonial, pero no debería convertirse en un elemento distorsionador de la realidad.
«Un sector que, aún en crisis, despierta el interés internacional»
Esta situación tendría que abrirnos los ojos para cuidar más y mejor a un sector que, aún en crisis, despierta el interés internacional. Imaginemos si además tuviéramos más estabilidad política, económica, laboral, facilidad administrativa, seguridad jurídica, gestión pública hídrica más eficiente, una cadena de distribución justa, etc., etc., etc.
En una sociedad que vive en una velocidad anestesiante frente a la fugacidad de las cosas y de las ideas, la agricultura una vez más se me antoja como un refugio frente a la inestabilidad de otros sectores, con la única esperanza de que tarde en pincharse esta nueva burbuja.