ANDALUCÍA-ACEITE DE OLIVA
Vista de un olivar de Jaén / Agrónoma
Sector oleícola

«Las lluvias intermitentes no bastan, el olivar podría perder las siguientes cosechas»

Antonio Conde, ingeniero agrónomo y agricultor de Jaén, dibuja el panorama de la provincia olivarera

09/06/2023 Actualizado a las 08:39

No existe mejor adjetivo para definir al sector agroalimentario ni a los profesionales que lo respaldan que resiliencia. El agricultor es positivo por naturaleza, y eso que ni la PAC ni las inclemencias meteorológicas lo están poniendo nada fácil.

Andalucía es una de las regiones más castigadas por las condiciones climáticas de los últimos años, desprovista de lluvias y con una sequía que se agrava progresivamente. El mundo al revés para una primavera anómala y con temperaturas bastante altas en sus inicios. Sin embargo, a pesar de que en las últimas semanas el cielo haya brindado algo de tregua, como dice el refrán, nunca llueve a gusto de todos.

Agricultores de toda la comunidad siguen llevándose las manos a la cabeza tras las lluvias torrenciales que sorprendían a las puertas del final del período primaveral, justo antes de la cosecha de numerosos cultivos.

«Se está viendo afectado todo el sector agrícola»

La Sierra Sur de Jaén, una provincia que ya venía castigada a causa de la sequía, ha sufrido importantes pérdidas en cuanto a la producción de olivar y cerezo se refiere. Andalucía es la mayor región productora de aceite de oliva, con 1,67 millones de hectáreas de olivar, concentrada fundamentalmente en Jaén, conocida mundialmente por su mar de olivos.

Según Antonio Manuel Conde López, Ingeniero Agrónomo, agricultor e investigador en el proyecto LIFE Innocereal EU en la Universidad de Córdoba, el 90% del olivar y del cerezo en Jaén es secano, de hecho, solamente la cifra aproximada del 10% representa a este cultivo desarrollado en condiciones de regadío. Características que dependen de la geografía y la proximidad a las cuencas hidrográficas y situación que pone en jaque al sector olivarero jienense.

Olivar / Universidad de Jaén

Las diferentes zonas climáticas de la Sierra Sur de Jaén determinan que aquellas más templadas han sido más castigadas; la floración fue temprana y abundante pero las calores posteriores hicieron abortar a la flor hasta quedar alrededor de un 20% del total.

La parada cardíaca del olivo, el estrés hídrico

«Casi todo el olivar de Jaén es tradicional y de secano, lo que quiere decir que no puede competir con un olivar intensivo o superintensivo en cuanto a producción y rentabilidad. Esto se traduce en problemas para nuestros pequeños agricultores», comenta Antonio Manuel Conde. El sistema tradicional no es competitivo con aquellos de plantación intensiva o en seto, además, si a este factor sumamos el estrés hídrico que sufre el árbol, las conclusiones son alarmantes.

El olivo, cultivo rústico y arraigado a la tierra, milenario y resistente cuanto menos, acostumbrado al clima del sur, no deja de ser un superviviente. No obstante, «el estrés hídrico que padece por la ausencia de agua lo puede llevar al borde de la muerte, no muere, pero digamos que queda en stand by».

«Obtener un kilo de aceituna en Jaén es más caro que en los sistemas de intensivo y superintensivo»

Llegar de nuevo a su estado óptimo de producción le llevaría años, tiempo de recuperación y la suficiente agua como para hacerle olvidar las vacas flacas. «No basta con las lluvias alternas de estos días, si continúa la sequía no solo se perderá esta campaña, sino también las de años venideros, con todas las consecuencias que esto acarrearía para el producto». Precios disparados, baja oferta y un sector muy castigado.

Pero, no todo es negativo, las últimas lluvias han sido el punto de inflexión positivo para el olivar de secano cuya floración es más tardía. «Si sigues la línea del Guadalquivir hacia arriba, los cultivos empiezan a florecer en ese mismo sentido, hasta llegar a Cazorla (Jaén)». En este caso, el agua filtrada en la tierra donde yace el olivo proporciona esperanza para la posterior formación y maduración de la aceituna. No obstante, «el suelo sigue necesitando agua para el desarrollo del fruto», afirma el ingeniero agrónomo.

Olivar / Agrónoma

«Cerca del 70% de flores que cuajaron en su momento en aquellas zonas previstas de una floración más tardía, actualmente se están desarrollando a pleno rendimiento gracias a las lluvias de los últimos días, aunque también existen zonas en las que el árbol ha sido castigado a causa del granizo», manifiesta Antonio Conde. Eso sí, todo depende del avance meteorológico de los próximos meses.

En el caso de Sevilla y Córdoba, provincias provistas de un clima más templado, la floración ha sido más temprana y se ha perdido prácticamente toda, ya que se quemó por las altas temperaturas de los meses de marzo y abril. Es más, «aquella que cuajó a pesar de las condiciones extremas, no lo hizo del todo, es decir, no se llegó a completar la fase de cuajado al 100%».

Lo más sonado, especulaciones en cuanto al precio del oro líquido

Según Antonio, «Es posible que el consumidor mediano no sea capaz de pagar un litro de aceite». Dura declaración que pone en entredicho el futuro del aceite de oliva, ya que, a nivel estatal, se prevé que se reduzca su productividad en torno al 50%.

En cuanto a la aceituna de mesa, «en las zonas donde la aceituna es más temprana y tenía un tamaño considerado, las lluvias torrenciales acompañadas de granizo han echado a perder este fruto», explica Antonio. «Eso también ha afectado a la cereza y a cultivos como el ciruelo o el melocotonero».

Cerezas / Agrónoma

Si no es una cosa, es otra

La sequía afecta a ambos cultivos, tanto al olivar como al cerezo, puesto que, en su gran mayoría, son secano. Jaén representa el primer puesto en la producción de cereza a escala autonómica. El ingeniero e investigador de la Universidad de Córdoba afirma que, por ejemplo, la comarca de Torres, supone uno de los productores de cereza de Jaén y aunque en su conjunto no llegue a 1.000 hectáreas, supone un 10% a nivel estatal.

Tras 10 o 15 días de lluvias en la provincia jienense y una media de 60 o 70 litros por metro cuadrado, las explotaciones de esta fruta carnosa y bastante popular en los meses más calurosos del año han sufrido pérdidas significativas, dejando las explotaciones agrarias de cerezos en estado crítico. Lluvias torrenciales que han ocasionado daños prácticamente insalvables para los agricultores de localidades como Castillo de Locubín.

«Ni siquiera puedes coger cerezas para almorzar, no ha quedado ninguna viva»

Ya la baja pluviometría de la zona hizo tambalear las posibilidades de obtener frutos a causa del estrés hídrico del cerezo. «Aunque la floración fue bastante buena y cerca del 50% llegó a cuajar, la sequía se encargó de que, finalmente, madurase tan solo un 20% del fruto», señala Antonio.

Tras un cambio drástico de las temperaturas, la lluvia ha imposibilitado la validez de la cosecha de la cereza. «Se ha rajado toda la cereza, no se va a cosechar porque no se ha salvado nada».

La situación es grave para aquellas familias cuya fuente de ingreso juega a una carta al disponer de una sola explotación. «El cultivo del cerezo no tiene seguro explícito ni ayuda de la PAC, puesto que en ninguno de los reglamentos de la Política Agraria Común estás establecidas las ayudas para este cultivo», explica el ingeniero.

Para la mayoría de agricultores de la zona, estas explotaciones son pequeños apoyos al olivar y, por tanto, no suponen su principal fuente de ingresos. Según Conde, «son pocos los agricultores que tienen solamente una explotación con cerezo y, en estos casos, la situación es bastante crítica, tal y como ha ocurrido con el desastre del Valle del Jerte tras las granizadas que han destrozado las producciones de esta cereza de Denominación de Origen».

 

 

 

 

 

 

 

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