Las intensas lluvias y un suelo encharcado son el ‘talón de Aquiles’ del olivar en seto
Sanidad vegetal

Las intensas lluvias y un suelo encharcado son el ‘talón de Aquiles’ del olivar en seto

Un análisis de la compañía AGR by Prado revela cómo las lluvias prolongadas y el drenaje deficiente pueden comprometer la viabilidad de las explotaciones si no se actúa a tiempo

11/05/2026 a las 06:09

El olivar en seto ha revolucionado el sector oleícola gracias a su alta densidad y rápida entrada en producción. Sin embargo, su mayor virtud es también su punto más vulnerable. Al concentrar su sistema radicular en la capa superficial del suelo (apenas los primeros 60 centímetros), este modelo es extremadamente sensible a la saturación hídrica.

Desde AGR by Prado han hecho un análisis técnico para ver cómo impactan las lluvias prolongadas a este sistema de olivar, que cada vez ocupa más hectáreas en la región andaluza. Según la compañía, la falta de oxígeno en la zona radicular durante periodos prolongados provoca pérdida de funcionalidad en las raíces finas, reduciendo la absorción de agua y nutrientes y generando procesos de necrosis.

Como consecuencia, el cultivo puede entrar en estrés fisiológico incluso en condiciones de exceso de agua.
Uno de los principales retos agronómicos es la aparición tardía de los daños. En muchos casos, los síntomas se manifiestan tras la salida de la dormancia, dificultando su diagnóstico en campo.

Entre los indicadores más habituales se encuentran clorosis, bajo vigor vegetativo, brotaciones cortas y caída parcial de hojas, síntomas que pueden confundirse con deficiencias nutricionales.

Cuando estos episodios coinciden con fases críticas como la floración, pueden registrarse pérdidas en el cuajado y en el desarrollo del fruto. En explotaciones superintensivas, los daños suelen localizarse en áreas con problemas de drenaje o compactación del suelo.

Menos fotosíntesis

Por otra parte, la reducción de la radiación solar durante periodos de nubosidad prolongada agrava el problema, ya que limita la actividad fotosintética de los árboles. «Esta situación, combinada con un sistema radicular debilitado, impacta directamente en el crecimiento y la productividad», explican los expertos.

Además, las condiciones de alta humedad favorecen la proliferación de patógenos de suelo como Phytophthora y Pythium, responsables de podredumbres radiculares que pueden intensificar el deterioro del cultivo e, incluso provocar la pérdida de plantas.

También hay que tener en cuenta que el exceso de agua reduce la eficiencia del abonado, especialmente por pérdidas de nitrógeno derivadas del lavado y la desnitrificación, lo que obliga a replantear las estrategias de fertirrigación.

El efecto que pueden tener las lluvias prolongadas es, sobre todo, lesivo para plantaciones jóvenes, donde un sistema radicular poco desarrollado depende de una adecuada aireación. En estos casos, las lluvias persistentes pueden comprometer el arraigo, retrasar el desarrollo del seto y aumentar el porcentaje de marras.

Medidas a tener en cuenta

El técnico Miguel Ángel González, subrayaba la necesidad de adoptar un enfoque preventivo, basado en el conocimiento del suelo y la planificación agronómica, para intentar adelantarse al problema, toda vez que las lluvias torrenciales, intercaladas con periodos de sequía, parecen ser más frecuentes.

Entre las medidas recomendadas destacan la realización de estudios de textura y drenaje, subsolados en suelos con riesgo de encharcamiento, diseño eficiente del drenaje superficial, uso de caballones para mejorar la aireación radicular, limitación del tránsito de maquinaria en condiciones de saturación y ajuste de la fertirrigación tras episodios de lluvia.

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