La sequía y la guerra en Ucrania impulsan a sembrar girasol en el campo andaluz
2022 puede ser un año «histórico» para esta oleaginosa, que venía perdiendo superficie en el campo andaluz y cuyo precio está disparado
Esta campaña tiene todas las papeletas para coronarse como la del resurgimiento del girasol en Andalucía. Este cultivo, que en los últimos años no ha parado de perder peso (pasando de las 272.000 hectáreas que se cultivaban en 2010 a 194.000 en 2020 en el campo andaluz, un 30% menos), se enfrenta a un más que probable cambio de tendencia en Andalucía, con un crecimiento de superficie al que ya se apunta tanto desde el sector productor como industrial.
Y es que todos los factores (climáticos, económicos y de mercado) están este año más a favor de las siembras del girasol que de cualquier otro cultivo. Y eso se nota en el ánimo de los agricultores.
Las últimas lluvias y las que se prevén para esta semana también ayudan, pues van a dar el último empujón a los más indecisos para sembrar girasol. «Hay un porcentaje de agricultores que se han arriesgado a sembrar en seco, y estas lluvias van a ayudar a la nascencia. Pero otro gran porcentaje estaban esperando a tener cierta humedad en el suelo, por lo que a partir de esta semana sacarán las máquinas para sembrar», declara el técnico de cultivos herbáceos de Asaja Sevilla, Fernando Rodríguez, que constata el interés por esta oleaginosa.
Menos agua y menos costes
El girasol es un cultivo que resiste bien al calor y necesita bastante menos agua que otros como el maíz o el algodón. Además, los costes de producción, por la menor necesidad de abonos, son también inferiores a muchos otros cultivos de rotación.
Por tanto, «el riesgo para el agricultor es inferior, y en un mercado deficitario de pipa y con pocas alternativas exteriores, la apuesta por este cultivo será probablemente muy rentable para el sector agrícola», señala por su parte Miguel Costa, director general de Agropro, una joint venture constituida por Sovena y Acor que concentra el 34% de las compras de pipa en España.
A la espera de que estas lluvias no sean las últimas y se repitan con frecuencia a lo largo de la primavera, cabe recordar que el campo andaluz atraviesa por una severa sequía en los últimos años y que el nivel actual de los embalses ha llevado a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir a establecer una dotación de tan sólo 1.000 metros cúbicos por hectárea para los regadíos.
«Con esta escasa dotación se hace inviable cultivar algunas hortícolas o maíz y se lo pone muy difícil al algodón, que dependería de una primavera lluviosa, por lo que el girasol se convierte en una opción muy interesante no sólo en secano, sino también en regadío», destaca Fernando Rodríguez.
A esto se suma que el cultivo está en precios nunca vistos, con la pipa de girasol a 1.000 euros la tonelada. Se trata de precios históricos, ya que desde el periodo 2010 a 2019, el cultivo se ha mantenido en una media de 350 euros la tonelada.
Conflicto bélico
A este incremento de precios ha contribuido en las últimas semanas el estallido de la guerra de Ucrania, granero de Europa, ya que en tan sólo cinco países (Ucrania, Rusia, Bulgaria, Rumanía y Moldavia) se produce el 70% de la cosecha mundial de girasol, que es de 57 millones de toneladas de pipas.
Con el conflicto bélico «nos enfrentamos a un entorno de incertidumbre». «Los puertos ucranianos permanecen cerrados y, consecuentemente, las exportaciones de este país se han paralizado. Por tanto, el mercado está buscando alternativas a todos los productos que hasta hace un par de semanas se importaban de Ucrania y Rusia», apunta el directivo de Agropro.
Y es que en los últimos cinco años España ha importado un total de 632.000 toneladas de semillas de girasol desde Ucrania, 421.027 toneladas de aceite de girasol y 325.964 toneladas de harina de girasol para poder satisfacer las necesidades de la industria española.
Con la guerra, el miedo a un posible desabastecimiento de aceite de girasol ha llevado a compras compulsivas, obligando a los supermercados a limitar las ventas de este producto.
«Será complicado sustituir este origen a corto y medio plazo, al ser Ucrania el mayor productor de pipas de girasol y el mayor exportador de aceite», señala el directivo de Agropro.
«Desde el primer momento, cuantos formamos parte de esta industria, estamos buscando mercados alternativos». Pero ante la incertidumbre que genera el conflicto, «lo que sí parece claro es que a medio y largo plazo el consumidor tendrá que buscar alternativas como, por ejemplo, aceite de oliva, soja, semillas o aceites tropicales».
Demanda del mercado
«Hay apetencia de girasol por parte del mercado», señala el técnico de Asaja Sevilla, circunstancia especialmente favorable para el campo andaluz, ya que «somos los primeros en sembrar y por tanto, en cosechar girasol», destaca Fernando Rodríguez.
Durante los meses de marzo, abril y mayo se siembra el 95% del girasol a nivel mundial, que se produce casi en su totalidad en el hemisferio Norte. Sevilla y Andalucía son los primeros productores mundiales en tener pipa de la nueva cosecha.
En la comunidad autónoma se siembran unas 194.000 hectáreas, 99.275 en la provincia de Sevilla, la principal productora de Andalucía, a gran distancia de provincias como Cádiz (52.500 hectáreas) o Córdoba (25.130 hectáreas).
Estos buenos precios y las necesidades del mercado han llevado a muchos agricultores a apostar por el cultivo del girasol. Sin embargo, todavía es muy arriesgado hacer pronósticos sobre cuánto podría incrementarse la superficie. «En la provincia de Sevilla no sería difícil irnos a unas 105.000 hectáreas, entorno a un 6% más, a tenor de cómo van las primeras siembras. Pero es una valoración muy incipiente», señala Fernando Rodríguez.
A nivel regional hacer pronósticos es aún más complicado. De hecho, se está a la espera de que el próximo 21 de marzo, los ministros de Agricultura de la Unión Europea debatan una propuesta para poder sembrar en las superficies de barbecho (sin producción) de manera excepcional este año, para evitar así problemas de desabastecimiento de materias primas.
«En Andalucía se consideran que hay unas 278.000 hectáreas en barbecho, que se podrían ver afectadas por esta medida excepcional», explica el técnico de Asaja Sevilla. De salir adelante, «el cultivo que podría sembrarse en buena parte de dichos barbechos sería el girasol, dadas las fechas en que estamos y la dotación hídrica que tenemos asegurada». Estas nuevas superficies contribuirían también a ese aumento del cultivo en el campo andaluz.