Transformación de tomate en una cooperativa lebrijana / Agrónoma
Sequía

El Bajo Guadalquivir se queda sin tomate industrial

La cooperativa Las Marismas de Lebrija renuncia a la siembra de su principal cultivo por falta de agua, ocasionando pérdidas estimadas en 50 millones de euros

14/03/2022 Actualizado a las 07:04

Ni una sola hectárea de tomate industrial se va a sembrar este año en el Bajo Guadalquivir por falta de agua. Es la difícil decisión que ha tomado la cooperativa Las Marismas de Lebrija, empresa referente en la producción de concentrado de tomate en Andalucía, ya que «aunque a partir de ahora lloviese en abundancia, el agua llegaría tarde para este cultivo», lamenta el presidente de la cooperativa, Juan Sánchez Vargas.

El mes de marzo es, tradicionalmente, cuando se comienza a sembrar este cultivo de regadío, el principal por volumen de facturación para Las Marismas, pero «40 días antes tenemos que seleccionar los plantones para poder sembrarlos».

La dotación que ha dado Confederación Hidrográfica del Guadalquivir apenas es de 1.000 metros cúbicos por hectárea (cuando las necesidades del cultivo oscilan entre 6.000 y 8.000 metros cúbicos por hectárea), y con esa cuantía «es imposible llevar a término el cultivo».

tomate
Siembra del tomate para industria / RAIF

«La inversión en plantas de tomate es muy alta, pues alcanza los dos millones de euros, y si nos hubiésemos arriesgado a sembrar ahora mismo estaríamos tirando plantas porque no ha llovido nada». Por ello, «hemos decidido renunciar este año al cultivo, pues sin agua no podemos producir», denuncia el presidente de la cooperativa sevillana.

Pérdida de empleo

Se trata «de un duro golpe a nivel de empleo para todo el Bajo Guadalquivir», pues la cooperativa ya está pensando en hacer un ERTE, barajándose una pérdida «de hasta 2.000 empleos, contando al personal de la fábrica de concentrado de tomate y a los que trabajan en el campo».

A nivel económico también supone un mazazo para esta cooperativa, ya que «los ingresos brutos que se perderán se estima en unos 50 millones de euros, pues el tomate es el cultivo más importante para Las Marismas», apela Juan Sánchez.

El tomate de industria copa una extensión de 6.000 hectáreas en municipios como Lebrija, Las Cabezas de San Juan, Utrera, y Los Palacios. Se trata de un cultivo que lleva varios años atravesando serias dificultades debido a la sequía, y que el año pasado ya sufrió una reducción de las siembras del 50%.

La cooperativa Las Marismas produce, cuando el clima lo permite, una media de 264.000 toneladas de tomate fresco y 55.000 toneladas de concentrado, que se exportan a los cinco continentes. «Son clientes que nos ha costado mucho afianzar, por lo que otro temor que nos acecha es la posibilidad de perder mercados».

tomate
Tomate para industria en la cooperativa Las Marismas de Lebrija / Agrónoma

Otros cultivos afectados

Sánchez Vargas insiste en que «somos la única cooperativa que hace concentrado de tomate en Andalucía, y estos problemas de empleo en la comarca que se van a crear al prescindir del cultivo se hubieran resuelto con una dotación especial de 8.000 metros cúbicos de agua».

Y es que el tomate no es el único cultivo al que la cooperativa se ha visto obligada a renunciar: «También hemos renunciado a cultivar hortícolas como las cebollas y frutas como melón y sandía. Hemos sembrado sólo la mitad de hortalizas de invierno (brócoli, coliflor y zanahoria) y nos tememos que tampoco vamos a tener agua para el algodón, a no ser que venga una primavera muy lluviosa».

Por ello, el presidente exige «corregir de una vez por todas esta situación acarreada por la sequía, que no es nueva en el campo andaluz, con la construcción de infraestructuras hidráulicas» y pide «un Plan Hidrológico nacional con interconexión de cuencas».

«Esta campaña va a ser la puntilla para la agricultura del Bajo Guadalquivir, en una coyuntura especialmente complicada debido al excesivo incremento de los costes productivos», lamenta el presidente de Las Marismas, donde «los agricultores hemos hecho muchas inversiones para ser competitivos y adaptarnos a los mercados».

«¿Cómo vamos a pagar las amortizaciones de esas inversiones si no nos dejan producir?», se pregunta Juan Sánchez.

Escrito por

Ámbitos