
El tomate concentrado de Las Marismas, de Lebrija al resto del mundo
La Cooperativa Las Marismas inicia su recolección de tomate en plena recuperación tras la sequía
Las máquinas de la fábrica de tomate concentrado de la cooperativa Las Marismas ya están en marcha. La recolección de tomate comenzó hace unas dos semanas, y el procesamiento en fábrica se alargará hasta un mes más, a mediados de septiembre. «Es pronto para hacer valoraciones, aún estamos poniendo en funcionamiento todas las líneas de producción», asegura el presidente de la cooperativa, que detalla que el procedimiento que se lleva a cabo en la fábrica no es otro que «sacar el agua del tomate», sin hacer añadidos.
No obstante, pese a tener que esperar a ver cómo evoluciona la campaña, manejan un rendimiento medio de unas 120.000 toneladas por hectárea. «El comienzo está siendo positivo, y las previsiones nos dicen que tendremos una buena campaña», resume. Por lo general, el tomate está perfecto en campo, lo que nos permite «obtener en fábrica productos de alta calidad».
5.000 toneladas al día
En total, la factoría, que es la más grande de Andalucía dedicada a producir tomate concentrado y una de las mayores de Europa, tiene capacidad para procesar 5.000 toneladas al día de tomate fresco tras la implementación de mejoras tecnológicas en los últimos años.
Sobre la plantación en campo, en primavera, coincidió con días de abundantes lluvias, lo que retrasó un poco el inicio de la campaña. «La planificación agronómica y la implicación de nuestros técnicos y agricultores ha sido clave, permitiendo que tengamos un cultivo con garantías, maduración óptima y excelente rendimiento industrial». afirma Tejero.

Buscando la normalidad
No obstante, aún no es una campaña «normal» después de la sequía que mantuvo cerrada la fábrica durante los años 2022 y 2023. «Es pronto para volver a hablar de normalidad o, al menos, de lo que entendíamos por normalidad antes de la dura sequía», lamenta el presidente de la cooperativa.
De esta forma, reconoce que levantarse de un golpe tan duro, con dos años sin ni siquiera poder abrir las instalaciones al no haber nada de producción por la falta de agua, «ha sido muy costoso para todos los agentes». «Aún estamos en fase de recuperación, pero tenemos un futuro prometedor», afirma.
En concreto, la cooperativa se enfrenta a una campaña «al 65%» de lo que podría catalogarse como «normal» para Las Marismas. No obstante, dado el duro escenario que han atravesado, son unas cifras «positivas» y alentadoras». «Este porcentaje, que es un logro, es el resultado del esfuerzo conjunto que se está haciendo entre campo e industrial del compromiso con la calidad y de la confianza de nuestros clientes», afirma Tejero.
A estos clientes, la cooperativa lebrijana venden tomate concentrado en bidones de 200 litros. Después, las empresas procesan este componente para sus distintos usos, ya seas pizzas o salsas tan populares como el kétchup.
Baja huella de carbono
Además, esta campaña, todas las hectáreas puestas en producción para el tomate de industria están en el Sector B-XII del Bajo Guadalquivir algo que permite tener más calidad, al contar con una producción cercana y con una huella de carbono muy baja: toda la actividad, ya sea de recolección, transporte y procesamiento se hace, como máximo, a quince kilómetros de la fábrica. En definitiva, un modelo de producción integrada, con un cultivo madurado al sol, y altos niveles de licopeno, y que se obtiene a través de un modelo de producción integrada.

Carácter internacional
Respecto a los destinos del tomate concentrado que se produce en Lebrija, el 95% de la producción está destinada a la exportación. «Contamos con clientes repartidos por todo el mundo. Demandan nuestras salsas y concentrados, que se obtienen mediante el proceso de extracción de agua y logran ser cien por cien naturales, sin ningún aditivo», resume Tejero.
De esta forma, la pasta de tomate sevillana viaja a otras partes de España pero, sobre todo, a Austria, Alemania, República Checa, Estonia, Finlandia, Francia, Reino Unido, Italia, Polonia, Lituania, Países Bajos, Portugal o Suecia.
«Sabemos que el mercado es cada vez más exigente, por lo que trabajamos para alcanzar los altos estándares que nos demandan, con unas características reconocidas de origen, trazabilidad y valor nutricional», afirma el presidente de Las Marismas, José Tejero.