Los Institutos de Enseñanza Media, hoy llamados de Educación Secundaria, se convirtieron desde el siglo XIX en centros de formación intelectual de las élites en nuestro país. Sin embargo fue durante la Segunda República cuando se impulsó la formación a otros sectores de la población. En la misma Constitución de 1931 se establece que se legislará para facilitar, a los españoles económicamente necesitados, el acceso a todos los grados de enseñanza. Bajo este principio se fomentó durante este periódico histórico la creación de nuevos centros de enseñanza no universitaria.
No solo aumentaron en número, sino que las medidas regeneracionistas hicieron surgir nuevos planteamientos didácticos relacionados con una enseñanza más racional y basada en el conocimiento del medio, en la experimentación y en el estudio in situ de los monumentos y conjuntos históricos. Será el momento de la aparición de los Institutos Escuela, diseñados bajo los principios de la Institución Libre de Enseñanza.
Es en este contexto histórico, el de la Segunda República, en el que se crea el Segundo Instituto de Enseñanza Media de Sevilla, tal como aparece en la Gaceta de Madrid de 30 de octubre de 1933. El Segundo Instituto de Segunda Enseñanza de Sevilla, tal como aparece en su creación, fue denominado «Murillo» por el claustro de profesores y posteriormente esta denominación es aprobada por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes el 23 de abril de 1934. Desde noviembre de 1933 hay constancia documental en el Libro de Actas de Claustro del instituto. Esta fuente primaria se ha convertido en el elemento fundamental de nuestra investigación, ya que aporta una riquísima información del transcurso histórico del Instituto Murillo.

Fachada del antiguo edificio que albergó a esta institución docente
La primera ubicación del mismo fue en la calle Menéndez Pelayo número 39, tal como se recoge en la citada documentación y en el plano de Sevilla de unos años posteriores. Sabemos que era una casa con patio y montera, con viviendas para porteros, con lavaderos y que no era un edificio en propiedad, sino alquilado y que desde muy pronto presentó deficiencias en la edificación, lo que hizo constante la petición de un nuevo edificio o el alquiler de otro. En 1936 ya se pensó en el traslado a una casa en la calle Conde de Ibarra.
LOS COMIENZOS DURANTE LA REPÚBLICA
El primer director que tuvo el instituto fue Enrique Anaya y el claustro lo componían seis profesores y una profesora; entre ellos Antonio Domínguez Ortiz, que con el tiempo llegaría a ser un extraordinario investigador de la Historia Moderna de España, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 1982 e Hijo Predilecto de Andalucía en 1983. Otro de los profesores de esta primera época fueJuan Rodríguez Jaldón, pintor costumbrista que fue discípulo de Gonzalo Bilbao, residió en Carmona y fue académico de la Academia de Bellas Artes de Sevilla. Todavía hoy, en el actual edificio, el instituto conserva una pintura de un patio pintado en Carmona de este autor.
Así, los nuevos planteamientos de la Segunda República en la enseñanza se constatan desde el primer acta de claustro, en la que se declara que el centro debe salirse «de los moldes antiguos y poniendo en práctica las exigencias de la enseñanza moderna». Esta modernidad estaba sin duda establecida por el carácter laico y de carácter mixto que la Segunda República exigió en los centros, pero también por la dotación económica que les permitió invertir en material científico, tal como demuestra la colección de microscopios y material de laboratorio de esa época que aún conserva el Instituto o por la preocupación por la lectura. Este último objetivo lo evidencia el hecho de destinar el diez por ciento del presupuesto para la compra de libros.

Algunos de los libros de aquel primer instituto Murillo
LA GUERRA EN EL INSTITUTO MURILLO
El fin de curso del año 1936 se desarrolló de manera normal, con exámenes en junio. Nada en la documentación estudiada parece anunciar la gran tragedia que ocurriría un mes después, la Guerra Civil española. Durante la Guerra Civil el Instituto Murillo residió en el mismo lugar, en la calle Menéndez Pelayo 39, aunque cambiará casi todo el profesorado. El día 21 de julio de 1936 un decreto de la Presidencia del Consejo de Ministros del Bando Nacional acordaba cesar a todos los empleados que hubieran participado en movimientos subversivos o fueran enemigos del Régimen.
Otro posterior establecía la separación definitiva del servicio a todos los empleados públicos que hubiesen sido contrarios antes o después al Movimiento Nacional, sin posibilidad de impugnación ante la jurisdicción contenciosa. Se solicitó a todos los directores el envío de la plantilla del personal y se les se envió un cuestionario a todos los profesores de Enseñanzas Medias, que debían jurar «ante Dios y ante mi Patria España» que sus respuestas eran exactas y veraces.

Actual IES Murillo, en Sevilla
Se les preguntaba, entre otras cuestiones, si habían militado o asistido a mítines de izquierda o si habían buscado votos o votado a estos, si oían misa los domingos, si comulgaban una vez al año, si faltaban a clase con frecuencia, si habían enseñado algo contra la religión o el amor a España, si estaba asociado a alguna asociación política o si había en su conducta pública «algo que notarse», entre otras preguntas.
LA IDENTIDAD DE UN CENTRO CON HISTORIA
Tal vez el rasgo más importante del Instituto, en cuanto a que marcó la identidad del centro, fue su transformación en Instituto femenino, rompiendo el principio de coeducación que había establecido la Segunda República. Será esta característica la que servirá en el ideario colectivo sevillano para reconocer el Instituto. Las transformaciones pedagógicas fueron muy variadas en la zona nacional. Se suprimieron los Institutos Escuela y las alumnas se integraron en el Instituto Murillo e incluso su biblioteca pasó también al mismo, como indican todavía los sellos de algunos volúmenes del fondo antiguo.
Asimismo, en 1937 una profesora del Instituto Escuela, Carmen Martínez Sancho, sería la primera mujer que obtuvo el Premio Extraordinario y el Doctorado en Matemáticas en España. Pero sin duda el elemento que transformó fundamentalmente el proceso educativo español fue la Ley de Educación, elaborada en Burgos por el Gobierno de Franco y publicada en el Boletín Oficial del Estado el 23 de septiembre de 1938.

La pionera Carmen Martínez (Foto de Archivo)
Su lectura es esencial para conocer los nuevos planteamientos ideológicos que el Régimen quería establecer con un lenguaje muy característico del momento. En su justificación plantea, entre otras cosas, que «el Catolicismo es la médula de la Historia de España», que se trata de extirpar «el pesimismo anti-hispánico y extranjerizante para poner de manifiesto la pureza moral de la nacionalidad española»; o que se deben desterrar de los medios intelectuales síntomas de decadencia como el «mimetismo extranjerizante, la rusofilia, el afeminamiento, la destrucción de la literatura y el arte, el fetichismo de la metáfora y el verbalismo sin contenido», todo ello «en contradicción dolorosa con el viril heroísmo de la juventud en acción, que tras generosa sangre derramada en el frente por el rescate definitivo de la auténtica cultura española». Es muy representativo del momento histórico en el que se elabora esta ley el hecho de establecer dos idiomas en las materias que debían cursar los alumnos, siendo obligatorios el italiano o el alemán.
EL INSTITUTO DURANTE LA POSGUERRA
El Ministerio de Educación Nacional quería convertir al Instituto Murillo en un centro modelo y para ello necesitaba conseguir un edificio que acogiese dignamente las funciones que en él se realizaban. El acuerdo que tomó fue que el Ayuntamiento cediese o comprase el suelo y el Ministerio pagaría la obra. Fueron muchas las negociaciones que se realizaron en las que participaron representantes del Ministerio, del Instituto y de la Alcaldía, pero no llegaron a ningún acuerdo. Incluso se plantearon comprar suelo privado en la avenida de Eduardo Dato, pero tampoco se pudo conseguir.
La solución fue la cesión en 1948 del Pabellón de Argentina, construido para la Exposición Iberoamericana de 1929 por Martín Noel siguiendo el modelo de estilo Barroco colonial. Evidentemente era un edificio que no tenía estructura diseñada para centro de enseñanza. Sin embargo, sus adaptaciones, junto a la cesión por el Ayuntamiento de Sevilla de un pabellón cercano, el de Guatemala, permitieron que permaneciese en él el instituto hasta 1991, en el que se trasladó temporalmente al Palacio de San Telmo y en 1992 a su ubicación actual, en la calle José Recuerda Rubio número 6, frente al edificio Viapol.

Pabellón de Argentina en Sevilla
Las pésimas condiciones del edificio primitivo forzaron el traslado, puesto que en abril de 1949 había peligro de hundimiento del patio y tuvieron que suspender las clases. De tal manera que el 22 de abril de ese mismo año se reanudaron las clases ya en el nuevo centro aunque no se habían podido hacer las reformas de adaptación requeridas. El 22 de mayo se inauguró el nuevo edificio con una misa a la que asistió el alcalde de la ciudad y el rector de la Universidad de Sevilla.
Esta es la época en la que el Instituto Murillo logró consolidar su identidad, marcada por su carácter femenino, su preocupación por la formación religiosa, científica, cultural y musical. Hay testimonios fotográficos de la formación de un coro y una tuna femenina. Hay referencias documentales a pesar de la precariedad de la época del aumento de libros de la biblioteca y al material de laboratorio. Se impartieron conferencias, como resultado de la creación de un servicio de Extensión Cultural, así como veladas literarias. En el actual Instituto se conserva un magnífico piano Steiner de finales del siglo XIX con el que se celebraron veladas musicales. Incluso sirvió de sede de congresos de Medicina, evidenciando que se había convertido en una referencia cultural de la ciudad de Sevilla.
EL INSTITUTO EN LA ACTUALIDAD
El final de la época estudiada es el de 1953, año en el que surge una nueva ley de educación y el Régimen comienza a perder el carácter de autoabastecimiento y evolucionar hacia el aperturismo que caracterizará la época posterior. Durante esos veinte años el Instituto Murillo ha vivido unos acontecimientos cruciales en la Historia de España. Los documentos referidos al centro reflejan los cambios ideológicos y la diferente forma de gestionar y estructurar un centro de enseñanza, las preocupaciones cotidianas y los logros pedagógicos.

Exposición en el actual IES Murillo
Sin embargo, es reseñable el hecho de que, a pesar del prestigio y la excelencia que ha tenido y tiene el centro, nunca ha tenido la oportunidad de que se construyese un edificio específico de enseñanza. A pesar de los esfuerzos de la Administración y los docentes por construir un edificio que contuviese una institución modélica en España, nunca ha tenido uno de nueva planta que se adecue a sus necesidades. Una casa particular, un pabellón, un palacio o un edificio inadecuado, como en el que hoy reside, no han podido albergar óptimamente a un instituto tan señero.
Ya en los tiempos más recientes, el instituto se sumó con entusiasmo a los fastos que, con motivo del IV centenario de su nacimiento, la ciudad de Sevilla dedicó al artista que da nombre al centro. De aquellos actos, escalonados a lo largo del curso 2017-18, surgió el lema «Somos Murillo», que les sirvió de hilo conductor y vale hoy como emblema de identidad colectiva de profesores, alumnos y familias de la institución: con la participación activa de la AMPA, se propició la aportación intelectual de cada departamento didáctico al estudio de la obra y la trascendencia del pintor, con especial detenimiento en la consideración de la presencia de la mujer en su obra; se celebró un programa de conferencias a cargos de expertos en Murillo y su época; se colgó una exposición de trabajos de artistas actuales interpretativos de los motivos centrales de su pintura y se eligió, por concurso entre toda la comunidad educativa, el cuadro «Mujeres en la ventana» como imagen de acogida de una realidad educativa, el IES Murillo, que refuerza así sus lazos con la significación cultural e histórica del insigne artista barroco.

IES Murillo en la actualidad
Todo ello, bajo la celebración del Centenario de su nacimiento, cuyo objetivo era conseguir «que nos sintiésemos parte de esta institución, de reemplazar la identidad que tenía cuando era instituto femenino por otra nueva. En este sentido no sólo pretendemos utilizar la figura que da nombre al centro, sino que nos hemos propuesto profundizar en la historia del Instituto Murillo».
**Este contenido es una adaptación de un texto de Juan L. Villalobos Cañete, profesor de Geografía e Historia del IES Murillo.