Mourinho no estará a préstamo con la Federación Portuguesa para que dirigir a la selección en los dos próximos compromisos del mes de octubre. Él quería, pero el Real Madrid no ha tenido en consideración los deseos de su técnico estrella. El club blanco sale airoso del primer envite, a la vez que se origina el primer desencuentro en la casa blanca.

EFE
El vodevil ha sido propio de una película. Actores de mucho peso, un guión con mucha intriga y un cuenco para que los pilatos se laven las manos. Antecedentes. El presidente de la Federación Portuguesa de Fútbol, Gilberto Madail, piensa en José Mourinho para reflotar a la selección después del fiasco de Carlos Queiroz. El dirigente se pone en contacto con Jorge Mendes, representante del técnico, y se reúnen el pasado jueves en un restaurante de una ciudad dormitorio de la capital. Hay documento gráfico porque interesaba que el encuentro no se mantuviese en la clandestinidad y que el asunto fuese engordando en los medios de comunicación.
Mourinho argumenta ante los máximos responsables del Real Madrid que la misión es compatible porque sólo se trata de hacer un par de alineaciones para orientar a su país para conseguir un billete para la fase final de la Eurocopa de 2012. Sustenta su teoría en que en las mismas fechas sólo tiene a sus órdenes y disponibles a cuatro o cinco jugadores (Dudek, Adán, Granero, Pedro León...) porque el resto se encuentran convocados con sus respectivas selecciones nacionales.
La petición no gusta en la casa blanca. Los presidentes se ponen en contacto, pero no trasciende ni la conversación ni el desenlace. En las horas posteriores, ya el viernes, Jorge Valdano reconoce que el Real Madrid no se niega a nada porque el club no ha recibido ninguna petición formal. Y añade que mejor que no llegue porque se verían obligados a decirle que no a su técnico.
Mourinho insiste
Parecía el punto y final. Pero Mourinho ha insistido. En la zona mixta del estadio de Anoeta, después del partido contra la Real, habla con una periodista de una televisión portuguesa. Ésta avisa al resto de enviados especiales que el técnico se ha descolgado con una manifestaciones que levantarán ampollas. Le atribuyen la frase «no entiendo por qué el Real Madrid no me deja ir a entrenar a Portugal, porque estaré diez días de vacaciones».
Se activó el vodevil. Cinco minutos más tarde, bien pasada la media noche, Jorge Valdano baja del palco del estadio y se encuentra de bruces con los medios de comunicación. La sonrisa del triunfo se desdibujó de un plumazo cuando le preguntaron por las palabras de Mourinho. El portavoz blanco salió del atolladero a duras penas. Se escudó en la falta de una petición formal de la Federación lusa. Más lío. Más incógnitas. ¿Por qué Mourinho volvió a la carga? ¿Por qué el Madrid no es contundente?
El paso adelante de Mourinho activó el sistema de prevención del club. Nervios. Cumbre improvisada camino de Vitoria, donde el equipo debe tomar un avión con destino a Madrid. Los periodistas, que van en otro autobús, reciben un mensaje de la dirección de Comunicación del club. Rueda de prensa de José Mourinho en el aeropuerto de Vitoria antes de subir a la nave. Son las dos y cinco.
El técnico habla de una mala interpretación de la periodista portuguesa, pero insiste en que no entiende por qué los presidentes no han hablado entre ellos —lo habían hecho, pero entre bambalinas y sin dar publicidad—. Y sigue postulándose para su selección.
Pero ya parece tarde. No hará de salvador de la Patria. La Federación lusa tiene previsto anunciar hoy la contratación de Paulo Bento para el banquillo, aunque con Mourinho casi nada es definitivo hasta que se consuman los hechos.






