Madrid

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Tras la pesadilla llega el bullicio

Serrano recobra la vida tras dos años de obras, polvo y ruido. Comerciantes y vecinos se lanzan a estrenar la calle

Día 22/09/2010 - 11.41h
Dos años de calvario y penalidades. «¡Eso no nos los quita nadie. Esperamos que valgan la pena!». Esa es, y no otra, la esperanza de los vecinos de la calle Serrano. Y también de esos miles que «viven» en el corazón de la Milla de Oro pero que no están empadronados porque no habitan en el sentido estricto de la palabra pero sí pasan muchas horas, todas las de su jornada laboral.
VÍDEO: G. F. OLIVEIRA / G. D. OLMO
Todos han sufrido ruidos, polvo, zanjas o itinerarios imposibles para recorrer la calle. Ahora ven una vía ancha, como Castilla. Reconocen que el nuevo diseño anima al paseo y al bullicio. Apuestan por un Serrano más vivo pero no ocultan, también, ciertos recelos...
Claudia está sentada en una terraza de Serrano, casi esquina con Ayala, disfrutando del día soleado que despedía el verano. «Mira, voy a serte sincera. Aquí se come mal. Ya ves, la tortilla de patata está amazacotada pero, hija, da gusto. Esto es un relax y, además, la terraza ha ganado mucho espacio con la ampliación de la acera». Tiene razón Claudia. En los pares, Serrano ha crecido varios metros, restándoselos a la calzada. «¡A ver si proliferan más, las terracitas claro, y me busco otra porque cuando es tiempo de ellas, estás en la gloria», nos dice animada.
Y como en todo, división de opiniones. Laura Navarro, que sale a toda prisa de su oficina en un estudio de arte, se queja de la «jungla» de motos aparcadas en la acera. Llega tarde a una comida. «¿Para esto se ha agrandado?», refunfuña mientras nos atiende. «No tiene mucho sentido. Se ha hecho un carril bici. ¿Es Madrid una ciudad de bicis? Y otro para taxis y motos. Los motoristas, muchos, no son nada solidarios. Dejan su vehículo ahí mismo, donde trabajan, y si molestan les da igual. Ahora los taxis. Mira y verás que el carril siempre está ocupado por turismos. ¡Y esto no ha hecho más que empezar!», nos relata con una sonrisa de despedida.
¿Es el momento adecuado?
Gerardo N. es ingeniero industrial y trabaja, también, en una oficina de la calle Serrano. Es de los que no tiene aquí su domicilio pero «vive» muchas horas debido a su jornada laboral. Alto, bien vestido y derrochando elegancia, mira a lo lejos de la calle antes de darnos su opinión. «El proyecto está muy bien. Las obras, es verdad, han causado unas molestias enormes y eso se ha agravado con el retraso que han sufrido... que hemos sufrido».
«La verdad —se sincera Gerardo—, creo que no eran necesarias estas obras. No es el momento adecuado. Y dudo, porque no lo sé, si los tres aparcamientos subterráneos van a poder financiar toda la obra».
Del bufete de abogados sale Michael. Él, que ha vivido en Nueva York, no termina de entender esta remodelación. «Se ha invertido mucho dinero y mucho tiempo. Se ha molestado demasiado. Yo llevó aquí algo más de un año. Lo cogí a la mitad pero he tenido más que suficiente», comenta.
«En otras ciudades tan cosmopolitas como Madrid, las cosas se hacen bien o no se hacen. Pienso que aquí ha habido, como dicen ustedes, mucho ruido y han cogido pocas nueces. Claro, a lo mejor hay que verlo desde la rentabilidad de los tres aparcamientos... No sé. Mis compañeros me cuentan que la calle de Serrano estaba bien. Yo me la encontré hecha polvo, y nunca mejor dicho. Así que verla como está ahora, es todo un alivio. ¡Claro que me gusta!», nos dice este joven abogado.
Tranquilos y del brazo paseaban ayer por Serrano Francisco y Clara María. Un matrimonio de ancianos muy bien avenido. «No vivimos en esta calle, pero cerca, en Hermosilla. Así que, hija, lo hemos sufrido todo. De hecho, seguimos sufriendo porque en nuestro tramo de calle, todavía siguen», asegura Clara María sin perder su sonrisa picarona.
Los que han cerrado
«Llevamos en este barrio más de cincuenta años», comenta Francisco. «Creo que estas obras había que pasarlas. La calle ha quedado muy bien. Las aceras han ganado, eso es evidente pero, qué quieres que te diga, han restado mucho aparcamiento de superficie». «¡Ya te digo!», interrumpe Clara María. «Mis hijas tienen ahora un problema cuando vienen a recogerme en coche», añade.
Pese a todo, Francisco y Clara María parecen echarse todo a la espalda. Será el sosiego que brindan los años. «Sí, desde luego que ha habido ruidos y molestias. Las obras, en cuanto a los vecinos, se han llevado con mucho orden. Esa es mi impresión», asegura la señora.
Expectación. Esa es la sensación que tienen los que, de una u otra forma, habitan en Serrano. Algunos ya no lo pueden contar. Se han quedado en el camino. Se trata de todo el personal que trabajaba, y ya no, en los comercios que no han aguantado y se han visto obligados a echar el cierre. No hay un recuento exacto pero a pie de calle se habla de cerca de cien. ¿Las obras? ¿La crisis? ¿Las dos cosas? Entre los que han caído hay muchos en las calles Claudio Coello, Hermosilla, Ayala e incluso Goya. En Serrano mismo se han rendido tiendas como «Valentín Ampuero», que ocupaba el número 46 y «Fancy Men», en el 32. «Disponible», dice ahora el cartel de sus escaparates.
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