Semanas después de que ABC denunciase las condiciones en las que se encuentran los vecinos del municipio naronense de Amenadás —que residen puerta con puerta con el poblado marginal de Freixeiro, considerado el punto de venta de droga más importante del norte de Galicia— la situación para aquellos que plantan cara al narcotráfico en la zona ha ido a peor.
Así se lo narró a este medio el presidente de la asociación «Narón Antidroga», Santiago Sendón, quien el pasado 11 de marzo recibió una paliza por parte de algunos de los habitantes de este campamento, que se sintieron amenazados ante la presencia de cámaras de la televisión autonómica en la zona. «Estábamos grabando el entorno del poblado con el propietario del monte y la gente de las chabolas empezó a pegar gritos, se fueron acercando y le cogieron el micro a los de la televisión. Yo lo quise recuperar y entonces se abalanzaron sobre mí, me dieron con palos y las mujeres me clavaron las uñas». Según el testimonio de Sendón, los atacantes fueron dos varones y un grupo de doce mujeres que iban acompañadas por un menor en edad escolar, según el recuento de uno de los testigos.
Tras la agresión, Sendón se negó a acudir al hospital y denunciar el ataque porque «si me pongo a denunciar yo no podría salir del juzgado en todo el día». De este modo se refiere el naronense a las agresiones que, en palabras de él mismo, sufre desde que decidió liderar el movimiento antidroga en este municipio y que se han agravado en las últimas semanas. «A mí me llaman desde cabinas y me cuelgan; voy a trabajar al mar y hay gente que me manda recados. También me dicen que me van a partir las piernas», explica. Las quejas de Sendón y de todo el colectivo vecinal de Amenadás «que me apoyaron mucho después de la agresión» salpican también al concello de la localidad. «El alcalde tiene conocimiento de lo que ocurrió pero no se dignó a llamarme ni para preguntar cómo estaba», dice.
El vecindario tampoco parece confiar mucho en las patrullas de la Policía que a menudo controlan la zona y que el día de los hechos se encontraban próximas al campamento. «Un agente me recomendó que no entrase en el poblado porque ahí hay escopetas y pistolas. Yo les respondí que si había esas armas era porque ellos lo permitían». «No tenemos ningún apoyo por parte de las autoridades», lamenta.
En las últimas semanas y tras el derrumbe de las últimas chabolas del poblado de Penamoa, los vecinos han notado un incremento en el número de personas que acuden a diario a buscar su dosis a Freixeiro. «Para ellos esto es un maná; sospechamos que se instalando aquí los que vienen de Penamoa porque esto es el valetodo», cuentan. «Aquí si no se mueve uno en vez de mil vendrán diez mil personas», censura Sendón.
Los perros, a su libre albedrío
Los canes son otro de los motivos que en los últimos tiempos ha provocado más incidentes en este barrio naronense. Se trata de animales que salen del campamento y pasean a su libre albedrío por las calles y los parques del vecindario. Su presencia atemoriza a los residentes, que a menudo evitan salir de sus casas para no toparse con ellos. «Llamamos a la Policía municipal pero no vienen a buscarlos, sólo nos preguntan si tienen chip —cuenta una vecina— . Yo tuve que correr más de una vez hacia mi portal y a eso no hay derecho, de ninguna manera. Me tiemblan las piernas cada vez que los veo».
En su lucha contra el narcotráfico, los afectados lideran un movimiento que en los últimos días ha logrado reunir cerca de 2.000 firmas de apoyo. «Sólo queremos vivir tranquilos en nuestras casas», piden a espera de una solución que erradique el mercado de la droga con el que conviven.






