Mourinho no podrá jugar con el factor campo en Mestalla como hizo en Madrid. En el Bernabéu dejó el césped más alto para así entorpecer la circulación de balón del Barça puesto que con la hierba más alta el balón corre menos y a los azulgrana les costaría más mover el esférico.
Sin embargo, esto no será posible en Mestalla. Javier Sánchez, jefe de mantenimiento del club valencianista, señaló a TVE que no había recibido indicaciones de la Federación Española sobre cómo cortar el césped, por lo que se atenía a trabajar sobre él para dejarlo como suele hacerlo cuando juega el Valencia: es decir, cortito y rápido. Los de Emery suelen utilizar este terreno de juego para todos los partidos, para todos menos para el encuentro que disputó precisamente ante el Barcelona. En ese choque, al igual que hizo Mourinho, Emery pidió que la hierba estuviese más alta y más seca.
Numerosos precedentes
No pasará esta vez. El césped se va a cortar siete veces hasta que se dispute la final y será regado con mucha frecuencia. Solo hay una duda, el miércoles amenaza lluvia a un noventa por ciento. En función del agua que caiga o deje de caer, el campo se regará más o menos. Sea como sea, está claro que el césped va a estar corto y muy rápido, ideal para las condiciones de juego del Barcelona.
No es la primera vez que Mourinho (y otros entrenadores) juega con el estado del campo para que este les favorezca. El propio entrenador portugués ya hizo lo mismo cuando dirigía al Chelsea y les visitó el conjunto azulgrana.
Se dice que en aquella ocasión Mourinho ordenó que echaran tierra sobre el campo para añadirle mucha agua horas antes de que empezase el partido. Las consecuencias fueron que el Stamford Bridge se convirtió en un patatal infame donde era realmente complicado controlar el balón (algo parecido a lo que le pasó a España en Kaunas en su partido de clasificación para la Eurocopa ante Lituania).
También cuando estaba en el Inter se comentó que Mou ordenó estrechar el campo para conseguir así dos cosas: que el Barcelona tuviese menos espacio para mover el balón y maniobrar y, al mismo tiempo, hacer que la presión de sus jugadores sobre los creadores azulgrana fuese más efectiva.
Hay muchos ejemplos de entrenadores que han jugado con la baza de estrechar el campo. No obstante, una de las anécdotas más sonadas fue la que protagonizó Joaquín Caparrós con el Athletic de Bilbao. En un partido también de Copa del Rey jugado ante el Español, ordenó que se estrechara el campo, que se borraran las líneas y se crearan unas nuevas.
Lo hizo con tan poco tiempo que el árbitro se dio cuenta y ordenó que se repintara como estaba originalmente. Caparrós protestó, y con razón, porque «las medidas entraban dentro de lo permitido por el reglamento y no había razón para cambiarlo. Cuando nosotros vamos fuera nos dejan el césped más alto o no lo riegan». El caso es que con tanto pintar, despintar y volver a pintar se creó una confusión tal que despistó a jugadores, técnicos y espectadores. Curiosamente, los más perjudicados fueron los propios jugadores bilbaínos, que perdieron tres saques de banda porque los realizaron desde las líneas equivocadas, por lo que pasaron a las líneas enemigas.
Esta vez no sucederá aunque, a fuer de ser sinceros, la experiencia dice que todos estos trucos finalmente no han servido para nada y se han vuelto contra los que lo han realizado. Al fin y al cabo, suele ganar el que mejor juega al fútbol.







