Antes de que la inmensidad del Fòrum le haga a uno maldecir la lentitud de la ciencia a la hora de desarrollar conceptos como el teletransporte o el desdoblamiento corporal, el Primavera Sound empezó anoche a calentar motores con un aperitivo de proporciones manejables y marcado histórico. Histórico porque, por lo menos durante unas horas, el Primavera volvió a ser una cita casi doméstica ubicada en el Poble Espanyol, escenario de las primeras ediciones; e histórico también porque sobre las tablas se habían citado nombres propios dispuestos a ofrecer su particular punto de vista sobre el devenir de la música de las últimas décadas.
El Primavera volvió a ser una cita casi doméstica ubicada en el Poble Espanyol
La vía científica
Acto seguido aparecieron sobre el escenario Echo & The Bunnymen y, al lado de la bullanga combativa y festiva de Comet Gain, los de Ian McCulloch optaron por la vía científica: la de diseccionar sus discos como si las tablas fuesen un inmeso laboratorio. El sonido, en efecto, fue impecable, y la voz de McCulloch, fumador compulsivo delante y detrás del micrófono, sigue siendo un auténtico espectáculo, pero el ritmo duró lo que tardaron en presentar «Crocodriles» -mención especial para «All That Jazz»- y empezaron a invocar los fantasmas de U2 y The Doors enredándose en los múltiples pliegues de «Heaven Up Here». En cierto modo, podría decirse que les sobró rigor histórico y les faltó un poco de, ejém, alma.
Fuera del escenario, este retorno sentimental al Poble Espanyol supuso también el regreso de otro viejo fantasma: el de las colas. A media tarde la fila de profesionales en busca de acreditación era más que notable y para cuando Caribou se disponían a cerrar la noche con su ejercicio de orfebrería modernista, la cola a las puertas del recinto se perdía por la avenida Marqués de Comillas.







