Llevan diez días con la angustia y el miedo en el cuerpo y a estas alturas lo único que piden es respeto. La familia Ortega Cano vive destrozada desde que el torero protagonizó un trágico accidente de coche por el que perdió la vida un padre de familia de 48 años. Durante todos estos días la familia ha estado a pie de UVI, paralizando todas sus actividades y unidos entre sí con el fin de arroparse y darse fuerzas. Lo malo es que estos días las cosas siguen igual de graves. Desde el principio, Ortega Cano ha tenido fiebre. Los médicos aseguran que es normal en accidentes así con tanta pérdida de sangre pero pasa la semana y no sólo no remite sino que aumenta. Y eso impide que le pueden intervenir de nuevo el pie herido.
La familia lo está pasando mal pero eso no quita que hayan estado atendiendo a los medios de comunicación. María Carmen Ortega me decía que actuaban así «porque es lo que nuestro hermano hubiera querido». Tienen otro hermano,Eugenio, ingresado en el Ramón y Cajal (días atrás le extirparon un tumor del colon) y tienen que asumir todo lo que el diestro hacía a diario en la «Yerbabuena» donde se suspendieron las excursiones. Para colmo tienen que aguantar que les critiquen por atender a los medios, que insinúen que están negociando con el dolor, que les acusen de mentir... Es demasiado.
Este fin de semana decidieron que ya no habría más ruedas de prensa, que se enviarán comunicados médicos cuando haya cambios y que tomarán sus medidas una vez pase todo este drama. Su abogado tiene el atestado que figura en el juzgado número 9 de Sevilla donde se dice que iba a 70 kilómetros por hora y no estaba bebido.
Pero ahora lo importante es estar junto al torero y no dejar que la finca se descuide. «Estamos destrozados», me decía ayer Paco Ortega. Tienen motivos.










