Aterrizó el viernes en su camerino de Ferrari con el mejor tiempo del día y, lejos de incentivar el optimismo flotante, Fernando Alonso puso los pies en el suelo en otro arrebato de realismo. «En menudo lío me he metido», soltó a su auditorio en los entresijos del circuito de Valencia. Sus padres, José Luis y Ana, su representante, Luis, y su fisioterapeuta personal, Fabrizio, entendieron el mensaje sin necesidad de segundas interpretaciones. ¿Cómo explicar en público unos minutos más tarde, sin parecer un cenizo, que la pole era misión imposible?
Compareció Alonso el viernes en rueda de prensa y se detectó tensión ante determinadas preguntas que tienen que ver con el antídoto impuesto por la FIA a Red Bull, la limitación de los difusores soplados y la nueva normativa relativa a los mapas-motor. Dos detalles técnicos que, presuntamente, le han dado ventaja a los coches de Vettel y Webber.
Entendía Alonso que, al día siguiente, las cosas no iban a diferir mucho respecto a los resultados de los sábados de 2011: pole para Vettel al 90 por ciento. Su incomodidad venía por el clima festivo que suele acompañar cada una de sus apariciones en territorio español y por la seguridad en el vaticinio que él anticipó a su familia: el primer puesto del viernes no se traducirá en una pole el sábado.
Español de los que sienten la camiseta, el asturiano digiere una presión extra cuando compite en nuestro país. Su círculo más íntimo no esconde que le molesta más que cualquier otra vez perder o no dar la talla ante su público. Pero la F-1 no es el fútbol o el baloncesto, donde un estadio o un polideportivo también juegan el partido. Aquí se impone la ley de los ingenieros: dos y dos siempre suman cuatro.
Según cuentan en su cueva, Alonso recibió la semana pasada un informe de la FIA con los nuevas modificaciones técnicas. Un documento extenso en el que, según explicó el piloto, «la modificación de la regla del mapa motor sólo es un 10 por ciento del total de los cambios que hay que analizar». Él consideró que el clima que se respiraba al otro lado de la barrera Ferrari era distinto: podría haber una opción frente a Red Bull impulsada por la FIA. Demasiadas expectativas que no se podían cumplir frente a un público ansioso por vitorearle.
Llegó la cronometrada del sábado y decretó la sentencia conocida. Se acabó la abundancia. Red Bull sigue al mando. Vettel, primero, y Webber, segundo. Y Alonso, cuarto, a medio segundo del coche energético. «Más no puedo hacer», se lamentó el ovetense. «Red Bull es el coche más dominante al que me he enfrentado. El año pasado su superioridad quedó enmascarada por los problemas internos que tuvieron los dos pilotos, pero este año no sucede. Si miráis las estadísticas, nunca ha habido un bólido que consiguiera tantas poles, vueltas rápidas y victorias como éste».






