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Visión futurista con cierta pretenciosidad de Andy Schleck. «Sabemos que no podemos ganar los dos el Tour,... el mismo año. Solamente uno subirá al podio de París, pero lo hará de amarillo». La declaración del hermano menor en el día de descanso sonó presuntuosa a tenor de los acontecimientos que se han vivido estos días en el Tour de Francia.
El desastre táctico del clan Schleck y su equipo, el Leopard, fue clamoroso en los Pirineos. Ni Frank (31 años) ni Andy (26) consiguieron ninguno de sus propósitos por ese empeño en vivir como siameses encima de la bici. Son un corazón con dos cabezas. Todo el año preparando el Tour en exclusiva, sin dedicación a otras citas del calendario, para dibujar un cuadro escaso en la montaña: ni ellos logran distanciar a nadie ni reúnen colaboradores de su equipo para jugar tácticamente en el último puerto.
Un Contador disminuido respecto a su jerarquía de otros veranos sigue vivo y sin rasguños. Los Schleck no le han hecho daño. Y siguen hablando en plural con la vista en los Alpes: «No queremos terminar segundo o tercero. Preferimos que uno gane y que el otro acabe vigésimo, lo que querrá decir que se ha sacrificado por el otro».







