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El Consejo Europeo del viernes comenzará hoy lunes en París, con la reunión entre el presidente francés Nicolás Sarkozy y la canciller alemana Angela Merkel para cerrar una posición común sobre el futuro del euro. El miércoles, en la reunión de los dirigentes del Partido Popular Europeo, a la que también asistirá Mariano Rajoy, proseguirá una discusión de la que debe salir una fórmula capaz de convencer al conjunto de los actores económicos europeos y mundiales de que los líderes de los Veintisiete están decididos a salvar la moneda única y poner fin a las especulaciones sobre la deuda soberana. Algunos dicen que Alemania se ha quedado aislada en sus posiciones maximalistas y que Francia es la última esperanza de convencer a la canciller Merkel para que acepte una intervención robusta del Banco Central Europeo en la compra de deuda. Otros recuerdan que Francia tiene una deuda tan grande que no podría evitar una crisis gigantesca si rompiera esta imagen de consenso con Alemania. La discusión se prevé larga y muy compleja.
De hecho, según han revelado fuentes del Consejo Europeo, se han preparado planes para que la reunión, que comenzará el jueves con una cena entre los dirigentes de los 17 países que comparten el euro, pueda prolongarse más allá del horario establecido. «La idea —dicen altos funcionarios cercanos al presidente del Consejo Herman Van Rompuy— es terminar el Consejo el viernes a mediodía, como está previsto. Pero si hace falta seguiremos el sábado o hasta el domingo. Lo que está claro es que hace falta un acuerdo creíble capaz de calmar los mercados y la cumbre no terminará hasta que no haya un acuerdo».
Y el acuerdo ha de ser, según lo que se ha anunciado desde Berlín y París una reforma de los tratados que se está negociando a toda prisa desde el martes pasado entre los «sherpas» (los altos funcionarios especializados) de todos los países y coordinados por Van Rompuy. La canciller Merkel no ha dejado muchas dudas sobre lo que quiere: una reforma répida del Tratado de Lisboa, centrada en el artículo 136, donde se describe el gobierno de la zona euro, una fórmula para reforzar la disciplina presupuestaria con sanciones que incluyen supresión del derecho a voto y retirada de los fondos estructurales... También pretende que se acepte una armonización fiscal (Francia y Alemania ya han dicho que van a unificar el impuesto de sociedades) y para ello quiere eliminar la unanimidad en las decisiones en materia de impuestos.
«Esta semana nos jugamos el futuro estable para el euro así como la vuelta del crecimiento y del empleo» dijo ayer a una agencia de prensa el comisario de asuntos económicos Olli Rehn, cuyas propuestas para reforzar la gobernanza de la zona euro, tal como fueron presentadas hace dos semanas, no han convencido a todas las capitales. La idea de que sea la Comisión Europea la que fiscalice los presupuestos nacionales no ha sido aceptada por Francia, por lo que Alemania ha tenido que pensar entonces en dejar esta función en manos del Tribunal de Justicia de Luxemburgo. Y, en cualquier caso, no todo se va a decidir en las instituciones comunitarias. El principal objetivo de las medidas que se han de aprobar en la capital comunitaria es evitar que la quiebra de Grecia se contagie a una de las economías más grandes de la eurozona haciendo que se restablezca el crecimiento. Emma Marcegaglia, la jefa de la confederación de italiana de empresarios dijo ayer después de conocer las medidas de austeridad del nuevo primer ministro Mario Monti que la situación es tan delicada que «lo que se decide esta semana es si el euro sobrevive o no y los primeros pasos están en manos de los italianos» que deben demostrar que es posible aplicar los recortes de gastos y subidas de impuestos que ha diseñado el antiguo comisario europeo.
La canciller alemana ha resistido hasta ahora todas las presiones para que flexibilice sus posiciones, en especial sobre el papel del Banco Central Europeo. El líder de la CSU bávara, Horst Seehofer, el principal aliado de los democristianos de Merkel, le recordaba ayer en una entrevista que debe mantener sus actualkes posiciones —«no a los eurobonos, no a la amenaza a la independencia del BCE»— en la cumbre del viernes «para guardar a Europa alejada del camino de una unión de endeudados». Desde la oposición socialdemócrata y a través de una de las figuras más emblemáticas de la izquierda alemana, la del ex canciller Helmut Schinidt, le ha llegado otro consejo diferente: «si nos dejamos llevar por la ambición de gobernar Europa, nuestros vecinos se unirán contra nosotros».
Merkel ha tenido cuidado con llevar el debate hasta un límite hasta ahora sostenible a pesar de que hasta los bonos de la deuda alemana han conocido algunas turbulencias, pero el objetivo, según fuentes del consejo es no dejar espacio para la duda. «Las propuestas —dicen estos altos funcionarios— son para ser aprobadas a 27. Para los que no están aún en el euro, no tiene sentido boicotearlas, porque solo afectan a los que usan la moneda única. Pero si así fuera, suponemos que Merkel y Sarkozy están dispuestos a lanzar un acuerdo intergubernamental para que aquellos que quieran sumarse lo hagan y dejar fuera a aquellos que no lo acepten».







