En Vídeo
En imágenes
Noticias relacionadas
Aclamada en el último Festival de Cannes, donde su director Nicolas Winding Ref logró la Palma de Oro, la nueva película de Ryan Gosling es el último diamante en bruto de la cartelera de 2011. Un oscuro thriller de autor que nos presenta la desquiciante existencia de Driver, un conductor especialista de cine por el día, y chófer para fugas de noche. Un trabajo que recuerda a la también laureada «Half Nelson», y que nos devuelve a uno de los mejores actores de la última hornada. «Me encanta la forma en que está rodada esta película, seca y casi sin diálogos. Soy de esos actores que piensan que, cuanto menos guión, mejor. El público es inteligente y cala al protagonista a la primera; no necesita que se lo expliques todo. A veces con poco dices mucho, y Hollywood debería tomar nota de ello. Además, en mi anterior película, “Blue Valentine”, no paraba de hablar y acabé cansado de mi voz», comenta.
Gosling, que en breve estrenará «Los idus de marzo» junto a George Clooney (por la que ha conseguido una nominación al Globo de Oro al mejor actor dramático), define «Drive» como «una invitación diferente al mundo arquetípico de los cuentos en forma de fábula moderna y violenta, como una mezcla entre el cine de superhéroes y el de Ken Loach». Profundamente arraigada en el callejero y el ADN de Los Ángeles, «Drive» inventa una mitología moderna de la ciudad californiana hasta convertirla en un territorio fantástico y encantado donde «el conductor es un caballero e Irene (Carey Mulligan) es la princesa que necesita ser rescatada. También tenemos al villano (Albert Brooks), e incluso al dragón (Ron Perlman). No falta de nada», bromea.
Al actor, que dio su primer paso en firme hace una década con «El creyente», y siguió con filmes como «El diario de Noa», «Fracture», «Lars y una chica de verdad» o «Crazy, stupid, love» (segunda opción para los Globos de Oro 2011, esta vez como actor cómico), no se le caen los anillos al reconocer la película que cambió su vida de niño: «Fue “Acorralado”. No tenía duda de que, de mayor, quería ser Rambo. Al día siguiente de verla en la tele, fui al colegio con un cinturón lleno de cuchillos de cocina que lancé a mis compañeros de clase en el recreo. Gracias a Dios no le di a ninguno, pero me expulsaron y, en casa, mis padres me ataron en corto y solo me dejaban ver películas bíblicas y episodios de “National Geographic”», recuerda. Sabia decisión, desde luego.






