
De administrativa a ganadera: el giro de 180 grados que cambió la vida de Gloria
La joven dejó su trabajo de oficina para gestionar un ganado de más de 400 ovejas y un olivar, un ejemplo para las mujeres rurales
Gloria Sánchez trabajaba de administrativa hasta que decidió dar un giro radical a su vida, dejar su trabajo, y dedicarse al sector agrario. Concretamente, a la finca El Molino, 43 hectáreas dedicadas al olivar y al ovino en el pueblo gaditano de Prado de Rey. Una decisión que, aunque puede resultar llamativa, sirve para demostrar dos cosas: que el campo también es cosas de mujeres, y de jóvenes.
«La falta de conciliación familiar de la empresa para la que trabajaba me empujó a hacer este gran cambio, vi que en el campo podía trabajar y estar con mi hija, adaptando mejor los horarios a los de la guardería y evitándome los kilómetros que hacía todos los días», explica Gloria.
Además de eso, reconoce que el estrés laboral, «todo el día encerrada en la oficina», fue uno de los principales detonantes que le llevó a dar ese paso. «No me veía así toda mi vida», confiesa.
De esta forma, Gloria, que no venía del relevo generacional, sino que aprovechó una finca que tenían arrendada sus suegros, se lanzó de lleno a gestionar un rebaño de 450 ovejas, un olivar y cultivos de forraje para autoconsumo de su propio ganado.
Premio de la Consejería de Agricultura
Y, tras varios años en ello, ha recibido incluso el Premio ‘Premio Iniciativa de Mujeres’, de la Consejería de Agricultura, Ganaderia, Pesca y Desarrollo Sostenible, que ha reconocido su valentía, empuje y ejemplo para otras mujeres que quieran lanzarse y hacer su vida en el mundo rural.
«Animo a las mujeres jóvenes a las que les guste el campo a que se dediquen a él y se arriesguen, estoy segura de que, si les apasiona y no les importa trabajar duro, saldrá bien», asegura. «La clave es que te tiene que gustar mucho, ser feliz con lo que haces», reconoce.

Crisis de costes
No obstante, no son tiempos fáciles para agricultores y ganaderos, y Gloria también está sufriendo las consecuencias de la grave crisis en la que se encuentra sumido el sector.
«Estamos en un punto bastante malo, vendemos nuestros productos al mismo precio al que se vendían hace 20 años y, además, pagando muchísimo más del triple por los piensos, el gasoil o los abonos», confiesa. «No sé qué solución piensan darle desde las administraciones, pero las explotaciones no van a poder soportarlo mucho tiempo más», asegura. «Al fin y al cabo, insiste, «el campo es una actividad económica como otra cualquiera, cuando no salen las cuentas es imposible seguir».
De hecho, esta fatídica situación, es la única que podría «acabar» con su sueño de vivir toda la vida de su actividad agrícola y ganadera. «Me encantaría poder jubilarme en el campo, vivir toda mi vida al aire libre, con los animales, pero si no salen los números va a ser muy difícil seguir», se lamenta.