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Rafael Muñoz con varios de sus cerdos / MÍO 1898
Iniciativa

El sueño de Rafael, el joven ganadero que ha ‘revivido’ un cerdo ibérico en peligro de extinción

El ganadero cordobés, premiado por el Programa Puebla, cría cerdos de la variedad Torbiscal en el Valle de los Pedroches

11/10/2021 Actualizado a las 07:35

Más de cuatro generaciones haciendo de la ganadería en el Valle de los Pedroches su forma de vida. Ese es el legado con el que se encontró Rafael Muñoz, un joven cordobés que quiso continuar haciendo del campo su profesión.

Ahora, tras varios años de trabajo, Muñoz ha sido reconocido por el Programa Puebla, puesto en marcha por Corteva Agriscience y Alianza por una Agricultura Sostenible (ALAS), por su trabajo con el cerdo Torbiscal, una raza en peligro de extinción que Rafael ha dotado de exclusividad y una forma de producción que crea productos únicos y cada vez más demandados.

«Cuando el cerdo Torbiscal, con el que mi padre había trabajado toda su vida, se declaró en peligro de extinción, pensamos que era buena idea poner en valor la variedad y hacerle ganar exclusividad», comenta. A partir de ahí, comenzó el trabajo a través de su marca «MÍO 1898», con al que comercializa productos derivados de este tipo de cerdo ibérico.

Ejemplares de la variedad Torbiscal / MÍO 1898

Un ‘defecto’ que les hace únicos

El Torbiscal, que procede del cruzamiento de otras cuatro estirpes (Ervideira y Caldeira, portuguesas, y Campanario y Puebla, extremeñas), tiene un defecto que, muy frecuentemente, ha sido visto por el sector ganadero como un «defecto estético» de cara a su comercialización: algunos de sus ejemplares tienen una pequeña raya blanca en la pezuña negra, una despigmentación propia de esta raza de cerdo ibérico.

«Cuando el consumidor ve la raya en la pieza que ha adquirido, puede pensar que no es un ibérico puro, y rechaza esos jamones y paletas, lo que hace que los ganaderos no tengan este tipo de cerdos y hayan entrado en peligro de extinción», explica Rafael Muñoz. Él, en cambio, ha querido hacer de esa pequeña raya «una característica única» que ensalza los productos que él mismo cría con mimo en el llamado «valle de las bellotas».

Además, para que todos los interesados puedan conocer de primera mano el proceso de cría del Torbiscal, ofrece visitas y recorridos turísticos.

Pezuña del Torbiscal / MÍO 1898

Un proceso de cría respetuoso

«Llevamos a cabo una tarea muy especial y diferencial en cuanto al modelo productivo, no hay nada comparable en el mundo del porcino», relata. Y es que sus instalaciones de cría, objeto varias veces de reconocimientos, cuentan con un sistema único de lactancia compartida, así como box individualizados abiertos, que intentan disminuir al máximo el estrés en los animales. Incluso tiene una sala compartida en la que junta a varias cerdas con sus camadas mientras lactan. A todo esto se suman sistemas tecnológicos que controlan tanto las naves como el rebaño para hacer todo el proceso lo más eficiente y respetuoso posible.

«Entiendo que las cosas bien hechas funcionan, por eso hemos arriesgado echando a andar este proyecto. Es una pena que los jóvenes no continúen en el campo, pero mientras el ganadero sea el que menos importa en la cadena de valor, no habrá alicientes suficientes para que se queden a luchar por su tierra», se lamenta Muñoz.

A por más reconocimientos

Respecto al premio del Programa Puebla, lo califica como «un reconocimiento muy importante». Ya en 2028 recibió el Premio  ‘Joven Agricultor Sostenible’ por parte de Asaja. «Me gustaría que MÍO 1898 estuviera en los mejores restaurantes, así como acceder a los domicilios de los consumidores más exigentes, al igual que han hecho muchos clientes y chefs ya, a los que agradezco el interés por lo que hace un joven ganadero como yo», asegura.

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