El error garrafal que cometes al guardar los huevos en la nevera: «acorta su frescura y facilita las bacterias»
Tradicionalmente, el sitio de este alimento ha sido la puerta del frigorífico, que incluso tiene huecos específicos para ellos
Si nos dedicamos a abrir los frigoríficos de varios hogares, seguramente el 99% guarda los huevos en la puerta de dicho electrodoméstico ya que, además, la mayoría tiene un hueco, la ‘huevera’, pensada exactamente para eso.
Sin embargo, guardarlos precisamente ahí no es buena idea con un producto tan delicado como el huevo, tal y como aseguran los expertos en seguridad alimentaria. La nutricionista Alba Ramírez, tecnóloga y directora de Escuela Alimentaria, recuerda que es un error guardar los huevos, y la leche, se coloquen en la puerta del frigorífico.
«Tanto la leche como los huevos tienen que estar bien conservados en un estante frío en el que no sufran cambios bruscos de temperatura, ya que al abrir y cerrar la puerta se producen oscilaciones que pueden comprometer su seguridad alimentaria», afirma. Por tanto, ese es el sitio de alimentos no perecederos, como salsas, vinos, refrescos, mantequillas…
El sitio ideal
Y entonces, ¿dónde se guardan los huevos? lo ideal es hacerlo en un recipiente de plástico que se utilice solo para eso aunque, si se prefiere, se puede usar el envase de cartón en el que los compramos. Si se elige esta opción, mejor situarlos en la balda central del frigorífico, la más estable, y siempre en un recipiente o tupper, pues es una forma de protegerlos de los olores de otros alimentos, que la cáscara porosa de los huevos absorbe fácilmente.

Por otra parte, la puerta es el lugar más ‘inestable’ de la nevera, abriéndose y cerrándose continuamente, lo que provoca pequeñas vibraciones y movimientos que puede acortar la vida útil del huevo.
Cada vez que abres y cierras la puerta, los huevos sufren pequeñas vibraciones y movimientos. Estas vibraciones, a largo plazo, pueden dañar las membranas internas del huevo, haciendo que la yema y la clara se mezclen o se deterioren más rápidamente. Un huevo más inestable o dañado tiene una vida útil más corta.
Aparición de bacterias
Guardar en un sitio erróneo los huevos, haciendo que se expongan a cambios de temperatura y a movimientos frecuentes, puede provocar que se condense la humedad en la cáscara del huevo, facilitando la aparición de bacterias muy peligrosas para la salud, como la Salmonella, que puede ocasionar una intoxicación alimentaria con fiebre, diarrea y vómitos como principales síntomas.
En definitiva, si tienes los huevos en la puerta del frigorífico, cámbialos de sitio. Comer huevos en perfecto estado de conversación es clave para aprovechar todos sus beneficios nutricionales, ya sea su contenido en proteínas, sus vitaminas o su capacidad para aumentar el colesterol ‘bueno’.