Parques energéticos versus agricultura
Sector agrícola

Parques energéticos versus agricultura

«Lo ideal sería que estas instalaciones se localicen en superficie no agraria o en tierras de baja productividad»

12/07/2021 a las 07:29

El auge de las energías renovables es una seria amenaza para aquellos arrendadores de tierras agrarias en zonas con alto potencial para la instalación de parques solares o eólicos. En estos casos no pocos propietarios están optando por arrendar para estos nuevos usos, lo que deja sin tierra a los agricultores que las explotaban. Por otro lado están los agricultores propietarios que en numerosos casos ven más rentable la explotación energética que la explotación agrícola o ganadera. Al final es una decisión personal y poco se puede decir a quien aceptan estas interesantes ofertas de las empresas energéticas.

La realidad es que hay una estricta normativa medioambiental para las inversiones en suelo rústico, por lo que, mientras no se demuestre lo contrario, no se puede dudar de la legalidad de las mismas. Lo que sí sucede es que los plazos en la práctica suelen ser más cortos de lo habitual, por la muy limitada presentación de alegaciones por parte de las organizaciones medioambientales, que tradicionalmente frenan las grandes inversiones en suelo rústico.

Suelen ser reclamaciones con argumentos a menudo peregrinos, y con frecuencia basados en supuestos conflictos con muy pequeñas poblaciones de plantas o animales, que a veces ya ni viven en ese territorio, o ni siquiera son localizables.

Pero tampoco se les puede echar en cara. Hay que recordar que el plan de descarbonización de España recoge un escenario de neutralidad climática en el que se incrementa la participación de las renovables hasta en un 97 %, en sustitución de los combustibles fósiles.

Adecuada planificación

Sin duda lo ideal sería que estas instalaciones se localicen en superficie no agraria o en tierras de baja productividad. La única manera de conseguir o al menos favorecer este objetivo es una adecuada planificación pública y una reajustada ordenación de territorio. Sin embargo, se trataría de un modelo que, aplicado con demasiado rigor, podría limitar la expansión de estas energías.

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