Las plantas se quedan sin medicina
«¿Qué pasaría si de repente se decidiera que la mitad de los medicamentos de uso humano deben desaparecer de las farmacias y hospitales?»
La propuesta de Reglamento del Parlamento Europeo y del Consejo, relativo al uso sostenible de productos fitosanitarios, lleva ya dos meses de periplo, en los que ha sido muy numerosas las voces que exigen un cambio de enfoque.
Porque la realidad es que olvida algo básico para Europa, como es asegurar la suficiencia y seguridad alimentaria de los ciudadanos. Para ello es necesario dar estabilidad al sector primario, que es quien en primera instancia garantiza la producción de alimentos suficientes, seguros y saludables. Todo ello sin estudios detallados que midan el impacto de su aplicación, análisis que también ha pedido a la Comisión el propio Consejo Europeo.
Se ha propuesto una norma que plantea una reducción del 50% de estos productos antes de 2030. ¿Qué pasaría si de repente se decidiera que la mitad de los medicamentos de uso humano deben desaparecer de las farmacias y hospitales, sin haber evaluado el impacto que ello produce en las salud de los ciudadanos?

Un proceso largo para autorizar
No podemos olvidar que los productos fitosanitarios son medicinas para las plantas y que todos los que están autorizados lo han sido tras pasar un largo, estricto y costoso proceso de aprobación que garantiza su sostenibilidad medioambiental y su seguridad. Un proceso, que supone un coste medio de 286 millones de euros y 11 años de investigación y tramitación para cada producto.
Pero no solo es la reducción de medicamentos, es que en las zonas clasificadas como sensibles la prohibición de uso es total, tanto de fitosanitarios autorizados para agricultura convencional como para ecológica. En el caso de España, el 40% de la superficie agraria pertenecería a estas zonas sensibles.
Es fácil imaginar como dejaría a nuestro sector la aplicación de una medida de este calibre, ya que sin la aplicación de productos que protejan a las plantas de plagas, malas hierbas y enfermedades, o las curen cuando ya han sido atacadas, desaparecería buena parte de nuestra producción alimentaria y pondría a Europa ante una nueva crisis de enorme magnitud.