La vuelta del lobo, un anacronismo peligroso
Protección del lobo

La vuelta del lobo, un anacronismo peligroso

«La constante amenaza de lobo genera un enorme estrés a las reses que son criadas en extensivo, aun cuando sobrevivan a sus ataques»

04/10/2021 a las 07:56

El Gobierno ha situado al lobo en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial. Ahora, un ganadero tendrá que ver indefenso cómo el lobo mata a sus perros y a sus reses, o como mucho intentar espantarlo con palos y piedras.
Hay que recordar que el lobo ya no es una especie en vías de extinción en nuestro país. También que es una amenaza real para nuestra ganadería.

Pero no olvidemos otra cuestión, tan relevante para los grupos de defienden esta norma pero que en este caso parecen haber olvidado, como es el bienestar animal. La constante amenaza de lobo genera un enorme estrés a las reses que son criadas en extensivo, aun cuando sobrevivan a sus ataques, pero sobre todo causa un enorme sufrimiento a los animales que matan de forma cruenta, y a los numerosos heridos que dejan a su paso. Y no olvidemos que el lobo es un depredador que, si puede, también atacaría a un ser humano si le ve indefenso.

Si el hombre ha luchado históricamente contra este carnívoro ha sido porque la convivencia de ambas especies ha sido tremendamente compleja, y ahora, de forma voluntaria, volvemos a rodearnos de ellos, para que amenacen a nuestros animales, y a nosotros mismos.

Naturalismo obsoleto

Pero no se me malinterprete, recuperar y mantener las poblaciones de lobo es loable. El error es acometer una iniciativa de esta envergadura basándose en ideologías contraproducentes, fundamentadas en un naturalismo obsoleto y peligroso. Porque entre tener al lobo encerrado en jaulas y dejar que nos rodee y campe a sus anchas, hay muchas soluciones intermedias que se deberían haber explorado. Por ejemplo, concederles espacios en los que puedan vivir en libertad, acotados, seguros para ellos, y para nosotros.

Nuestros dirigentes deberían velar por nuestra seguridad y la de nuestros bienes, y no obligar a los ciudadanos y las empresas, en ese caso ganaderas, a protegerse de las amenazas que ellos mismos les han creado.

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