El consumo de vino continúa desplomándose y se sitúa en el nivel más bajo de los últimos 60 años
La bajada de la demanda es el principal problema al que se enfrenta el sector vitivinícola, que trabaja para ganar en valor y presencia frente a las nuevas generaciones
Ni las plagas, ni el relevo generacional, ni la bajada de superficie (que en Andalucía roza el 30%), ni siquiera los terremotos geopolíticos que han afectado al comercio internacional. El sector vitivinícola afronta un problema que supera a todos estos y cuya solución es aún difícil de vislumbrar: la bajada drástica del consumo.
En un momento decisivo, con muchas explotaciones al borde de la rentabilidad, solo tienen garantizada la supervivencia los viñedos que se están reinventando. Andalucía, con sus vinos generosos (como el Fino, la Manzanilla, el Amontillado o el Palo Cortado) de las D.O. Jerez-Xérès-Sherry y Montilla-Moriles, cuenta con joyas enológicas únicas en el mundo que, sin embargo, son percibidas tradicionalmente como bebidas «para ocasiones especiales» o ligadas a un público de mayor edad, quedándose fuera del ‘cero alcohol’ que está empezando a calar entre las generaciones más jóvenes.
De hecho, ya se están viendo movimientos en el sector, como en el Marco de Jerez, para trabajar en vinos con mejor graduación alcohólica, con el objeto de abrir nuevas perspectivas de mercado.
Según el informe anual de la Organización Interprofesional de la Viña y el Vino (OIV), el consumo mundial de vino volvió a bajar en 2025, en concreto un 2,7%, una tendencia casi generalizada en los principales mercados que condujo al nivel mínimo desde 1957, mientras el comercio internacional también se redujo, en línea con lo que viene sucediendo desde 2022.
También las exportaciones de vino sufrieron el pasado año un descenso del 4,7%, hasta los 94,8 millones de hectolitros, y en valor la caída fue del 6,6%, hasta 33.800 millones de euros, lo que significa un 4,4% por debajo de la media de los cinco últimos ejercicios.

Efectos de los aranceles
En su informe, la OIV vincula esos descensos del comercio internacional a los aranceles impuestos por la Administración de Donald Trump a los vinos importados en EE UU, pero también a la caída de la demanda en los principales países consumidores y a ciertos movimientos en la cotización de divisas.
Una de las consecuencias fue un descenso del 2,1% en el precio de los caldos exportados (a una media de 3,56 euros por litro), que refleja tanto los ajustes aplicados por las presiones inflacionistas como una mayor competencia entre los exportadores ante las dificultades.
En términos globales, el consumo se quedó en 208 millones de hectolitros, un 14% menos que en 2018. Nueve de los diez principales mercados sufrieron una caída, empezando por el primero de todos, EE UU, que registró un descenso del 4,3%, hasta 3,19 millones de hectolitros.
En un contexto marcado por los aranceles, EEUU se mantuvo como el primer importador de vino del mundo en valor, con 5.500 millones de euros, aunque con un retroceso del 11,6%. En Sudamérica, la producción de Argentina disminuyó levemente (un 1% hasta 10,8 millones de hectolitros), pero las exportaciones cayeron mucho más (un 6,8% en volumen, hasta 1,9 millones de hectolitros, y un 10,3% en valor, hasta 600 millones de euros).
En cuanto a Europa, hubo descensos marcados del consumo en los principales mercados: Francia (-3,2%), Italia (-9,4%), Alemania (-4,3%), Reino Unido (-2,4%), España (-5,2%) y Rusia (-5,5%, hasta 8 millones de hectolitros).
Gran bajada en China
Fuera de la UE, lo más destacable es el desplome de la demanda en China, de un 13%, que refleja una contracción continua que se mantiene desde 2018. El contrapunto lo marcaron Portugal, con un incremento del 5,6% y, sobre todo, Brasil, donde el consumo se disparó un 41,9% hasta alcanzar su máximo histórico, con 4,4 millones de hectolitros.
En lo que respecta a la producción mundial, en 2025 experimentó una ligera recuperación del 0,6%, hasta 227 millones de hectolitros, respecto al mínimo histórico del ejercicio precedente.
España, tercer productor mundial por detrás de Italia y Francia, sufrió una contracción del 7,7% hasta 28,7 millones de hectolitros, aunque sigue siendo líder en exportaciones.