“El que nace para pito nunca llega a corneta”, le hace decir Dan Fante (Los Ángeles, 1944) a uno de los personajes que tienen a bien (o, según se mire, a mal) cruzarse en el alocado y autodestructivo camino del protagonista de "Chump Change". El que nace para pito nunca llega a corneta, decíamos, pero Fante no solo se ha encargado de darle la vuelta al dicho sino que, tal y como su hizo su padre muchos años antes, ha acabado por convertirse en una milimetrada y engrasada orquesta.
Su padre, por si no aún no han caído, no es otro que John, JOHN FANTE –sí, en mayúsculas-, y la genética, la casualidad o una precisa combinación de ambas han querido que Dan siguiese los pasos del autor de “Pregúntale al polvo” y, pese a haber nacido para borrachuzo irredento, acabase convertido en novelista.
Te deja igual que si un tren de mercancías te acabase de pasar por encima
Y pornográfico, en efecto, sería una buen adjetivo para definir “Chump Change". Pero no solo por la crudeza sexual que salpica sus páginas –que también-, sino por el descarnado exhibicionismo de una obra autobiográfica apenas maquillada –el autor se transforma aquí en en Bruno Dante y su padre en Jonathan Dante- en la que Fante evoca la muerte de su padre y comprime en tres semanas diez años de su vida marcados por el alcoholismo y el seguir cavando desesperadamente cuando ya se ha tocado fondo.
Viscoso realismo sucio
Salvaje y brutal, “Chump Change” deja sin aliento, transforma el realismo sucio en algo aún más viscoso y te deja igual que si un tren de mercancías te acabase de pasar por encima. Desde el arranque con la enésima hospitalización de Bruno en un centro de desintoxicación al camino a la redención que se intuye tras el final pasando por su incapacidad para relacionarse de forma más o menos normal con su familia, ese beber hasta perder la razón y la extraña y entrañable alianza que se produce entre el protagonismo humano y el co-protagonista canino, el estreno de Fante hijo es un exorcismo en toda regla. Un sacudirse los demonios de encima compartiéndolos con los demás que por momentos convierte a Bukowski en esforzado hacedor de novelas románticas.







