Cuando Butragueño ascendió a la primera plantilla del Real Madrid en 1984, rápidamente se convirtió en una estrella del fútbol mundial. Severiano ya era el número uno del golf internacional. En 1979 había conquistado el primero de sus tres «British» y la primera de sus seis Ryder Cup. En 1980 y 1983 conquistó sus dos Masters y otra Ryder. Y sumaba dos Copas del Mundo, las de 1981 y 1982. Emilio entró en el Real Madrid en 1980. Ascendió al Castilla en 1982. Dos años después alcanzó el sueño. En esa etapa de progresión futbolística, aprendió por la «tele» lo que era el golf. El culpable era Ballesteros. Emilio se hizo buen amigo de Seve y de su familia. ABC ha dialogado con Butragueño del significado que el campeón cántabro ha tenido para el golf y para el deporte español.
—¿Qué ha supuesto Severiano para usted? ¿Qué le atrae a una figura de un deporte de otra estrella de otro deporte?
—Cuando empezamos a escuchar cosas de Seve —en 1979—, cuando comenzamos a saber de sus éxitos, de sus títulos, yo no sabía en qué consistía el golf. Y eso le pasaba a la abrumadora mayoría de la gente, por no decir a todos. No sabíamos cómo se jugaba a eso. Yo no entendía lo que querían decir cuando escuchaba «¡tres bajo par!», o «¡siete bajo par!». Gracias a Seve muchos —casi todos— descubrimos lo que era el golf. Hay que reconocerlo.
—Es cierto. A todos nos pasó lo mismo. Ballesteros se erigió nada menos que en otro pionero del deporte español, como Paquito Fernández Ochoa, como Santana, como Nieto.
—En efecto. En un país en el que no se conocía el golf y donde no había muchas posibilidades de destacar en bastantes deportes, tiene mucho mérito lo que él consiguió en aquellos años. Ha sido un grandioso jugador de golf. No soy un especialista para definirle técnicamente, pero como profesional del fútbol que he sido, sé lo difícil que es llegar, lo duro que es alcanzar el triunfo, lo costoso que es conquistar títulos al máximo nivel internacional. Y Ballesteros supo llegar a lo más alto en un deporte en el que era muy difícil destacar, porque no era popular,ni había una tradición, ni muchos campos.
—Se convirtió rápidamente en un mito en los países que veneran el golf, especialmente en Gran Bretaña, en Estados Unidos y en Australia.
—Sí, porque ellos sabían antes que nosotros la importancia que tenían los éxitos que Seve consiguió. En Inglaterra, en el Reino Unido en general, es más respetado y admirado incluso que en España. Allí es una institución. Dicen los entendidos del golf que cambió el estilo de este deporte. Lo revolucionó.
—¿Cómo?
—Con su agresividad y su creatividad en el juego.
—Explíqueme eso.
—Aportó otra forma de jugar en un deporte de larga tradición. Hizo cosas nuevas. Era distinto.
—Cuando usted conoció lo que era el golf, ¿le gustó? ¿Lo veía por televisión cuando podía?
—Sí, me gustó. Y desde el principio te dabas cuenta de la gran dificultad que supone ganar. Requiere una enorme concentración mental y un control de la tensión. Seve tenía esas virtudes, junto a esa manera diferente de jugar.
—¿Después de conocer este deporte, cómo definiría el golf?
—Como un deporte muy completo y extremadamente difícil.
—¿Mantuvo un trato personal con Ballesteros?
—Sí. Tuve la oportunidad de conocerlo y a raíz de su enfermedad hablé en diversas ocasiones con él.
—¿A usted también le dio por jugar al golf, como a tantas personas, después de ver las gestas de Severiano?
—Sí. Di clases. Pero al cabo del tiempo, como era horroroso jugando, renuncié. Era un desastre.
—Se nos ha ido el hombre que hizo popular este deporte en nuestro país. Por su culpa se construyeron decenas y decenas de campos en todos los sitios de España.
—Mire, como español y como deportista español, es un orgullo que hayamos disfrutado de un campeón como Seve. Es un orgullo que hayamos tenido a un campeón como él. Es una noticia pésima para nuestro país. Siento admiración y respeto por él.







