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Los números se habían conjurado para impulsar una circunstancia extraña en el tenis: un partido totalmente irrelevante. La dinámica de clasificación por grupos ya resulta rara para las grandes raquetas, y más aún un encuentro como el que hoy han disputado Roger Federer y Mardy Fish: pasara lo que pasara, el resultado no iba a cambiar nada.
El suizo ya tenía asegurado el primer puesto de su grupo y el estadounidense las maletas hechas por su eliminación matemática. Lo único a lo que podía apelar este último era a la honrilla de no quedar como la "maría" del grupo (o a los 200 puntos ATP que otorga la victoria). Y al menos, Fish lo ha intentado, prolongando a una 1 hora y 48 minutos y tres sets el partido con menos morbo de toda la presente Copa de Maestros.
Pero Federer es siempre Federer, aún cuando juega partidos con el piloto automático. Lejos del espléndido tenis que le inspira tener enfrente a Nadal, el suizo ha calcado el duelo del domingo contra Tsonga: arrrasa en el primer set, se deja noquear en el segundo y aprovecha un break tempranero en el último para instalarse cómodamente en la inercia de servicios cortantes y puntos rápidos en la red.
De vez en cuando, eso sí, ha dejado alguna advertencia a sus futuros rivales, anotando un golpe de los que solo un maestro como él es capaz. Como el bailarín del Bolshói que ensaya a puerta cerrada ante los novatos. Sabe que no es su gran noche, pero tiene que deslumbrarles con algún paso imposible para recordarles quién es. Así ha quitado el mal sabor de boca que deja ver cómo el cuarto tenista del ránking ATP permite que se le escapen bolas que en otros partidos habría disputado sin problemas.
Se lo ha puesto fácil un Fish que no ha sabido corregir el principal defecto que desveló ante el mallorquín: se deja intimidar. Es uno de esos tenistas que se vuelven vulnerables bajo la presión del ganador. De los que juegan más confiados cuando no tienen nada que perder pero cometen fallos de novato cuando toman la iniciativa. Algo imperdonable en una carrera de fondo como es la Copa de Maestros.
Superada la inercia, Federer aguardará a su siguiente rival en semifinales, el segundo de un Grupo A mucho más disputado. Podría ser Ferrer, Djokovic o Berdych. En cualquier caso, un rival con más mordiente que el acorralado pececito que, sin éxito, ha intentado hoy dejarle algún rasguño al imponente rey pescador.







