Lo estabas haciendo mal: este es el grave error que cometemos con la fruta en la playa
Aunque tomar melón o sandía frescos a la orilla del mar es una costumbre muy típica, hay ciertas recomendaciones a seguir para evitar intoxicaciones alimentarias
No hay nada más típico en una playa andaluza que, ya por la tarde o a media mañana, sacar la sandía o el melón, bien fresquitos, para disfrutar del calor y la buena compañía.
Sin embargo, hay costumbres que debemos abandonar si queremos evitar intoxicaciones alimentarias, un fenómeno más frecuente si cabe en verano: las altas temperaturas favorecen el desarrollo de microorganismos patógenos que pueden contaminar los alimentos que vamos a ingerir. Una situación que, si bien en la mayoría de las veces se trata de un malestar leve y unas horas complicadas, puede llegar a tornarse de gravedad.
Pues bien, uno de los hábitos que debemos dejar a un lado para evitar intoxicaciones es llevar la fruta cortada a la playa. Sí, adiós al tupper de sandía. Se trata de una práctica que, según advierte un informe de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición, AESAN, «puede suponer un riesgo sanitario», ya que las condiciones fisicoquímicas son compatibles con el crecimiento de patógenos de transmisión alimentaria, como la Salmonella, Escherichia coli verotoxigénico o Listeria monocytogenes.
Las frutas más vulnerables
Dicho informe se centra, precisamente, en dos de las frutas que más se llevan a la playa, el melón y la sandía, y en otras dos más tropicales, la papaya y la piña. De esta forma, se concluye que «no todas las frutas son iguales» y, cuanto más ácidas y maduras estén, mayor será el riesgo de deterioro y contaminación por patógenos.

No obstante, desde la AESAN dan cierto «margen» para que se produzca la temida contaminación en las frutas cortadas: «pueden permanecer hasta tres horas a temperatura ambiente sin que eso implique un riesgo microbiológico significativo», aseguran.
Sin embargo, la playa no parece un lugar especialmente seguro para dejar ese margen de tiempo, debido a que la temperatura ambiente es muy elevada, así como la luz solar. Lo mejor para evitar sustos es llevar piezas de fruta enteras que se puedan lavar, como melocotón o nectarinas, o sandía y melón enteros, que se corten en el momento.
Además, no está de mal recordar que adquirir fruta cortada, en cualquier situación, es especialmente peligroso para colectivos vulnerables, como los bebés o las mujeres embarazadas.