Higuaín demostró que es un trabajador del fútbol. Los marcajes que sufre le obligan muchas veces a encontrar jugadas para que otros compañeros rematen el sudor. Robó el balón que Carvalho convirtió en la primera diana. También buscó su trozo de tarta en la gloria del clásico. Estrelló una volea en la madera que, si entra, se cae el Bernabéu. Ayer no tocaba.
Enfrente, Forlán dio pena. Falto de forma. Decepcionado por verse en el mercado tras ser el mejor jugador del Atlético en los dos últimos años.
Cristiano también se «cenó» a Agüero en el combate de las comparaciones odiosas. Lleva 46 goles en 50 encuentros con el Madrid y rinde con la misma eficiencia cuando no rubrica el fútbol madridista. Sus incursiones trajeron de cabeza a Valera y a Domínguez, que le tuvo que agarrar en una penetración hacia el gol. Ozil aprovechó la falta para conseguir el segundo tanto.
El Kun no tuvo su día. Se quejó de un disparo que Xabi Alonso cortó con el brazo. El penalti no señalado es su único parapeto. Insuficiente para un hombre de tanta jerarquía.







