Hércules patrulla por Sevilla
POR JOSÉ LUIS GARCÍADe dos meses a esta parte, ha dejado de ser una rareza que los ciudadanos se crucen en el centro histórico de Sevilla con parejas de policías nacionales que patrullan las calles
Las motocicletas permiten a los policías recorrer cualquier rincón de su área de actuación, incluidas las calle peatonales. RAÚL DOBLADO
De dos meses a esta parte, ha dejado de ser una rareza que los ciudadanos se crucen en el centro histórico de Sevilla con parejas de policías nacionales que patrullan las calles peatonales a bordo de motocicletas de pequeña cilindrada que les dotan de gran movilidad por zonas donde sólo el acceso a pie podía transmitir una cierta dosis de seguridad. Son los miembros de Hércules, un grupo operativo formado por jóvenes policías pertenecientes a la Comisaría de Centro, que tienen como misión fundamental vigilar las calles más frecuentadas por los turistas y dar seguridad a los comercios del casco histórico de la ciudad.
El Grupo Hércules comenzó a funcionar en diciembre como una apuesta personal del comisario provincial de Sevilla, Juan Rojo, que daba así respuesta práctica a varias inquietudes. De un lado, las permanentes cuitas de las asociaciones de comerciantes y de otro los problemas derivados de la siempre insuficiente presencia policial en el centro de Sevilla.
Para llegar a una perfecta simbiosis de ambas necesidades hacían falta medios, humanos y materiales. Los primeros llegaron con las incorporaciones de nuevos agentes que se han venido sucediendo durante el último año; los segundos, las motocicletas, ya estaban. Eran los desechos del viejo proyecto Policía 2000, aquel que pretendió instaurar la figura del Policía de Proximidad, en lo que desde el propio Cuerpo policial se criticó por su escasa efectividad, ya que, entre otras cosas, se basaba en la patrulla unipersonal de los agentes, lo que restaba, o más bien anulaba, su posible operatividad.
Desde entonces, las motos de aquellos policías, vilipendiadas con el mote de «las telepizzas», permanecían guardadas en los garajes, sin un uso definido.
Cuestión de imaginación
Era cuestión de imaginación y, sobre todo, de mejorar aquella vieja filosofía, dotándola de una estructura y unos cometidos que garantizara resultados.
Diciembre fue el mes apropiado para que Hércules se pusiera en marcha con unos criterios concretos y definidos: patrullar por cualquier rincón del centro histórico y, ante todo, actuar. Como primera premisa, se acabaron las patrullas unipersonales; volvieron las parejas.
Cada día, en su sede de la Alameda, los integrantes de Hércules -que son en realidad parte del Grupo Operativo de Seguridad Ciudadana de la Comisaría de Centro, que forman un total de 29 personas- mantienen una reunión matinal con su responsable, Julián, un joven inspector «motero» como todos ellos, con quien planifican la actuación diaria.
Ocho motos diarias
Objetivos: a primera hora, las ocho motos que salen cada día apoyadas por un patrullero, se centrarán en los colegios; cuando abran las tiendas, se volcarán en la zona comercial, y siempre patrullarán por los enclaves turísticos, como prioridad. Además de los servicios fijos, cada día se planifican varias entrevistas con comerciantes de la zona centro. Se trata de darse a conocer para favorecer el trasvase de información en uno y otro sentido.
A estos efectos, los integrantes del Grupo ya tienen preparadas sus tarjetas de visita. En ellas, los comerciantes encontrarán un número de teléfono al que poder llamar en caso de observar algo sospechoso o advertir la acción de algún delincuente.
Pero no sólo se trata de eso. Si la afluencia de público lo permite, los miembros de Hércules entrarán con sus motos en las calles peatonales del centro. Si no es así, las dejarán estacionadas y seguirán patrullando a pie. Todo ello, con el apoyo de dos de sus compañeros, que realizan el servicio a bordo de motos «camufladas», dispuestos para actuar en cualquier momento y lugar.
Hércules quiere ser, además, un grupo joven no sólo por la edad de sus integrantes, sino por sus métodos, entre los que se cuenta la recogida de información acerca de los sospechosos que identifican cada día, de modo que en cualquier momento pueda haber un «cruce» de datos que permita resolver un caso en tiempo récord.
Casi mil intervenciones
Desde su puesta en marcha, el Grupo Hércules ha llevado a cabo casi mil intervenciones que, entre otros resultados, han permitido la detención de 15 personas -dos de ellas por tráfico de estupefacientes- y la incautación de 14 armas, además del levantamiento de 71 actas por consumo de droga en zonas públicas y la identificación de 786 personas.
Hércules ha intervenido igualmente en once servicios humanitarios, uno de los cuales evitó la muerte de un ciudadano que sufrió un infarto en plena calle.
En el aspecto delincuencial, las cifras hablan por sí mismas: las faltas de hurto han decrecido en el centro un 15,12 por ciento y los delitos de hurto, un 5,5 por ciento. Los tirones se han reducido de seis a tres y los robos con intimidación pasaron de 24 a 15, siempre teniendo como referencia el mismo período del año anterior.
El Grupo es, por otra parte, un elemento de conexión con la Policía Local, con la que se establecen periódicamente servicios conjuntos, entre los que se incluyen controles de tráfico nocturno en las zonas conflictivas del centro.
Aunque nació como un experimento, para dar respuesta a las conclusiones de un estudio previo sobre las necesidades del centro turístico y comercial, Hércules se ha convertido en algo más que una realidad tangible, pues sus sistemas y su estructura bien podrían ser de pronta aplicación en otros distritos de Sevilla, como Triana y Nervión, donde ya existen pequeños grupos de motos.
Una nueva filosofía
Para los responsables de la idea, los resultados obtenidos con este cambio de filosofía policial parecen demostrar que se ha dado en el clavo. No en balde, la principal reivindicación de los ciudadanos ha sido de antiguo una tangible presencia policial en las calles, «y si eso lo conseguimos patrullando en moto para garantizar así el acceso ilimitado a cualquier rincón, mejor que mejor».
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