ELOCUENCIA
Actualizado: GuardarDesde los «brotes verdes» de Elena Salgado, no se escuchaba nada parecido por estos pagos
LA ministra Fátima Báñez, a quien no se le puede negar el entusiasmo, es pieza fundamental en el folclore político rajoyano. Ha dicho, con la seriedad con que Descartes escribió su Discurso del método, que «estamos saliendo de la crisis». Aunque la precisión no forme parte de los usos y costumbres de la titular de Empleo y Seguridad Social, cabe deducir de su contexto que quienes «estamos» saliendo de la crisis somos nosotros, los españoles. Para despejar cualquier duda que pudiera suscitar su diagnóstico, aclaró Báñez que no se trata de «un optimismo vacío» y, para certificar la plenitud de su optimismo relleno puntualizó «que se están viendo ya señales esperanzadoras».
Que santa Lucía le conserve la vista a la señora ministra y que Mariano Rajoy la mantenga en el empleo; pero, desde los «brotes verdes» de Elena Salgado, no se escuchaba nada parecido por estos pagos.
Como para desmentir a Báñez, las estadísticas que casi siempre son impertinentes señalan que el mes de septiembre registró el mayor descalabro comercial desde el principio de la crisis. Los incrementos del paro y del IVA propiciaron el hundimiento del comercio en un 12,6 por ciento en su media interanual. Las familias, cada vez más abrumadas por la situación, recortaron sus compras y concentraron el gasto en lo imprescindible, la vivienda, los servicios básicos y la alimentación. Simultáneamente, los ingresos del Estado por cuenta del IVA, a pesar del notable incremento del impuesto, descendieron de modo notable. Algo previsto por todos menos, al parecer y según los resultados, por Cristóbal Montoro.
Parece que Calíope, la musa de la elocuencia, no ha querido ser pródiga con Mariano Rajoy y su equipo de Gobierno. Hablan, algunos incluso con brillantez, pero no se explican. Su fluidez corre parejas con su elegancia, pero carecen, en razón de su imprecisión expositiva, de la fuerza persuasiva sin la que la elocuencia se transforma en ridícula perorata. Todavía no he conseguido reponerme del impacto que me produjeron los palabros de Rajoy cuando, en compañía de Mario Monti, y después de recordarnos que España es un país serio, puntualizó: «Estoy absolutamente convencido de que no se va a producir nada de eso que supuestamente se podría producir». Algunos, posiblemente en el pueblo de Báñez -San Juan del Puerto, Huelva-, podrían pensar que es una manifestación de astucia galaica, pero es, únicamente y a elegir: a) hablar por hablar, b) una pobre manera de salir del paso, c) un fallido intento de disimulo o d) una falta de respeto a los ciudadanos. La economía conviene aplicarla también a las cuestiones del lenguaje y en eso, aunque él la llamara con «j», conviene repetir la sabia demanda de Juan Ramón Jiménez: «¡Inteligencia, dame el nombre exacto de las cosas!».
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